jueves, 23 de abril de 2015

Día 340: Un crimen casi perfecto

      El hombre estaba absorbido a la tarea de destruir la evidencia. Por que el hecho de que una persona había sido asesinada en esa habitación era demasiado evidente. Eso sería una complicación. A los policías no les gusta los asesinos. Por eso prefieren meterlos en las cárceles. Para que le cuenten sus historias a las paredes y a los compañeros reclusos de turno. 
      Si lo planteaba con solvencia y eficacia podría limpiar la habitación en algo cerca de una hora. Tendría que acomodar un poco sus coartadas. Si no escatimo en lo detalles, se dijo, puedo plantearme la idea de un crimen casi perfecto. Algo se le iba a escapar, es evidente. Pero para ese entonces ya estaría en una nueva nación, con una identidad diferente y un cuerpo, por decirlo de algún modo, también diferente. 
      Pero no debía exasperar. Las cosas de a poco, como para no caer en la ansiedad y la culpa del cometido. Primero, nadie lo vio al sujeto. El tipo era un don nadie, ¿quién lo iría a extrañar? Curioso, pero la policía lo buscó. Les pareció curiosa la desaparición repentina del simpático vagabundo de la esquina de la plaza, que venía al patrullero a manguear unas monedas para un sandwich o un par de cigarrillos. Lo que venga en primera necesidad. 
      Así que la policía estaba detrás de sus huellas. Las cámaras de control urbano, esa es la complicación. El hombre estaba vestido con un sobretodo negro, encapuchado. Muy difícil que puedan identificarlo. Un cabo suelto. Fino. No tirarían demasiado. 
      Nadie entendería el por qué. Matar por placer, eso no cabía en los gordos diccionarios de la ley. Y sí, había matado por placer. Y por azar. Podría haber sido una señora embarazada o un viejo ciego. Pero el camino lo cruzó con aquel desamparado que dormitaba en un conchón viejo al costado de un edificio. Le clavó un cuchillo a la altura del esternón. Murió tranquilo, sin decir palabras.
      La búsqueda del viejo vagabundo se intensificó. Los rumores se acrecentaron. ¿quién carajos sería ese tipo?, a mí me mangueó un pucho. A mí una moneda para un sandwich, pero seguro era para tomarse un vino. Rumores de ese tipo. Y algunos más, que circulaban más por lo bajo, acerca de la identidad de esta persona. 
      En realidad la policía contaba con una vaga noción del meollo del problema. El vagabundo, así con su pinta de zaparrastroso, tenía más plata que un Jeque árabe. De hecho, la mitad de la ciudad era de su propiedad. Claro que la cuestión monetaria poco le importaba. Prefería vivir al aire libre, como un pordiosero. Sin las complicaciones del capital, cómo él solía decir. 
      A los herederos no le hacía mucha gracia la filosofía radical de su padre, llevada a la práctica con tanto ahínco. Lo único que sabían a esa altura era contar. Contar las propiedades. Contar el dinero que crecía. Contar hasta diez. Y contar las horas que le quedaban al viejo de vida. 
      El asesinato del viejo vagabundo quedó sin resolver. La versión oficial más o menos cuenta que el asesino logró hacerse con su crimen casi perfecto. Una hipótesis más popular refiere a un complot urdido entre los herederos y el asesino. Aunque también dicen que hace dos semanas encontraron a unos perros urgando en una bolsa de basura. Algunos dicen que eran restos de comida, cerdo sobre todo. Una persona por lo bajo decía: es un cuerpo humano, es un cuerpo humano.

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