lunes, 27 de abril de 2015

Día 344: Preparado

      Responde a todas las preguntas con una nueva pregunta. En mi planeta a eso se le llama ser evasivo. O invasivo. No escuché bien. El asuntó está en que el tipo algo ocultaba. Quizás lo que confundía era esa mirada de asesino serial. Ni que hablar, el hombre era misterioso.
      Aproveché una tarde para seguirlo. Para que no se diera cuenta, me quedaba a unos 200 metros de distancia. Supongo que se habrá dado cuenta igual porque empezó a correr al poco tiempo.
      Terminamos en un callejón oscuro. El tipo me miraba. Hacía gestos con las manos, como diciendo: ¿Y ahora qué? Yo asentí con la cabeza, como si esa fuese la única respuesta aceptable a todos los enigmas del universo. Funcionó.
      Vaya a saber como. Caminábamos por los dos polos opuestos de la existencia. Seguro eso generó la energía necesaria para alejarnos lo suficiente y contrarrestar las intenciones. No creía demasiado en esas cosas, pero que las hay las hay.
      Esperé en ese momento alguna revelación mística o algo por el estilo. El tipo solo sonreía y ensayaba una reverencia muy gesticulada. No, no va a hablar, la porquería es muda. Sin embargo la mirada, ahí estaba todo. Su mirada me decía todo lo que necesitaba saber.
      En esa sorda comunión empezamos nuestra misa. Quiero creer que hablamos sin palabras, si eso es posible. O tal vez me drogó en algún momento, sin saberlo, ni cuándo ni cómo. Aunque creo que todo es real o al menos eso siento.
      Un grupo de jirafas salió de una alcantarilla que flotaba a unos tres metros del piso. Eran todas de color rosa con círculos amarillos. Menos una. Una jirafa negra con sombras grises. Decía cosas ininteligibles, macabras. Una enviada de Lucifer, supuso. Luego el cielo empezó a quebrarse como un vidrio aplastado por un ladrillo. Caían mechones de pelo castaño oscuro y pezuñas de jirafa. Las pezuñas estaban pintadas con lápiz labial azul.
      Luego vinieron los neutralizadores, que eran una especie de duendes con mochilas aspiradoras. La labor de los neutralizadores era barrer la escena del crimen y dejar todo en orden. Como si nada hubiese pasado. Cero.
      Los neutralizadores nos colocaron frente a frente. Con unos pinceles sucios volvían a pintar el cielo. Uno de los duendes golpeaba la garganta del tipo. Luego desaparecieron. El hombre aclaró la garganta. Ahora estaba dispuesto a decirlo todo.

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