sábado, 2 de mayo de 2015

Día 349: Clavícula rota

      Festejó con demasiadas fuerzas. Más de las que le permitía su cuerpo. Por eso se dislocó el alma. Duele. Es doloroso. Como si algo importante se hubiese quebrado. Las almas no tienen repuesto. Se le puede colocar algo parecido. Los científicos dicen que es un injerto extraído de la clavícula izquierda. El lugar exacto del alma, de acuerdo a la actualización de los últimos estudios realizados en la Facultad de Pennsylvania, en el año 2028. 
      Anoche a Ricardo se le había ocurrido la misma idea respecto a la ubicación del alma. Con una sola diferencia. No conocía ni a Pennsylvania ni a sus estudios acerca del alma. Lo importante es que la había perdido, mejor dicho, se le había fracturado. Una fractura expuesta, de esas que necesitan dos o tres meses con yeso. Se cayó cuando bajaba de una plataforma en el skate y la clavícula izquierda hizo crac. 
      Con sus acotados conocimientos de medicina Ricardo evitó el yeso. Prefirió una cura manual. No sé como, pero logró meterse un pedazo de madera para reemplazar el hueso quebrado. Y funcionó. Sin querer el alma se le cambió. Un alma de tronco. Los árboles, por naturaleza, son felices. Y eso le pasó a Ricardo, se puso feliz de la nada, como si lo hubiera picado una avispa de la felicidad. 
      El caso de este hombre llegó sin querer al mundo. Todos querían saber de qué se trataba. Porque todos no eran tan felices como querían. Deseaban más, por eso necesitaban acceder al secreto de Ricardo. Y Ricardo hacía lo mismo con todo el mundo que iba a visitarlo a su casa. Les mostraba un pedazo de madera. Luego hacía un gesto como de clavárselo en el brazo. Y listo. Así era el asunto. Claro que antes tenías que quebrarte la clavícula izquierda, o sea, el alma original. 
      Podría haber vendido la idea pero Ricardo era de buen corazón, o sea, de un corazón no capitalista. Así que regaló su idea al mundo, solo por bondad. Aunque en el fondo pareció ser un plan de lo más macabro. El mundo feliz es más maleable. Y así fue. Una gran tiranía se avecinaba. 
      Comandados por el gran capitán la gente era feliz. ¿Por qué no iban a a serlos? Su clavícula de madera hacía todo el trabajo. Tan solo almas felices yendo al precipicio, muriendo feliz.  Nadie cuestiona la naturaleza de la madera. Si la caoba o el algarrobo. De lo que hace más feliz. 

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