domingo, 3 de mayo de 2015

Día 350: La nave espacial rusa

      Esa noche haría cagar fuego al mundo. Para eso robó el tanque. Estaba cargado hasta la re mierda, usaría hasta la última puta munición. Primero los culpables, después los cómplices y al final los menos afortunados. Después que limpien el enchastre los que queden. Se había prometido que al final de la movida se suicidaría como Dios manda. 
      Ya había colocado a todos sus pensamientos en cajas, para iniciar la mudanza. Anotó con un fibrón mental: "Cosas que no voy a usar". Todas ideas inútiles, vendidas a un precio de estafa. El gran cuento de la civilización. Hace mucho tiempo llegó un conquistador con sus amigos. Tenían un libro desconocido al que le echaban la culpa de sus crímenes. Y se lavaron las manos con la sangre de los profanados. 
      Luego, por mar, fueron y vinieron los productos de la civilización decadente, hasta que el nuevo mundo se volvió una réplica del viejo mundo. Y todo el mundo se volvió igual. Salvo los disidentes a la derecha del globo, que hacían la suya desde tiempos inmemoriales. Las guerras destrozaron la confianza en el hombre. Por eso tuvieron que reconstruir partes de la Tierra desde los cimientos. 
      Gracias a las tragedias el hombre conoció la paz y los artefectos de la guerra quedaron inservibles. Como el tanque. Ahí estaba, armado hasta los dientes, bajo la custodia del museo de cosas antiguas. Robar en tiempos de paz es fácil. Solo se necesita entrar al lugar adecuado y tomar lo que necesitás sin pedir permiso. Nadie se imaginaría que una persona iba a tomar algo que no es de él en tiempos de paz. 
      El tanque iba por la calle, a unos 20 kilómetros por hora. A su paso aplastaba gatitos. Cada tanto disparaba una bomba a algún que otro edificio al azar. Las personas no se preocuparon. No hasta que la situación empezó a ser preocupante. Ese hombre se había vuelto loco de remate. Le saltó un tornillo. 
      Claro, la locura. Con eso lo explicaban todo. Unas cuantas pastillas y a la cama. Aplastar las ideas hasta que parezca todo uniforme. Sin relieves. El hombre, cada tanto, tiene que poder descargarse. Es un derecho que debería estar escrito en la Constitución de cada país. El hombre tiene derecho a descargarse, cada tanto. Ahí estaba, ejerciéndo su sano derecho a la descarga. Un par de asesinatos y así podría dormir tranquilo. 
      Poco le faltó para desatar un infierno. De hecho reservaba los misiles para el centro de la ciudad. Lo habría usado, pero algo detuvo su paso. Una nave espacial rusa que giraba sin control alrededor de la Tierra cayó sobre el tanque. Lo hizo pedazos. Así fue como la nave ejerció su sano derecho a la descarga.

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