jueves, 14 de mayo de 2015

Día 361: Pudor

      Un muchacho conocido me vendió su pudor. Lo empaquetó con un papel amarillo y un moño rojo. Luego le dio un beso de despedida. Muy pasional la cosa, no voy a entrar en detalles. Así salí a las calles, con mi nuevo pudor.
      Las chicas me miraban, y me sonrojaba. Luego un chico me guiñó el ojo y me desmayé de la vergüenza. Antes era más fácil, pensé. Pudor del diablo, ¿para qué lo compré? Ahora no iba a poder devolverlo, no puedo comprometer mi reputación como comprador. Debemos trabajar como un equipo. Juntos. El pudor por un lado, yo por el otro. Juntos de la mano.
      El pudor me da pudor. Quiero escribir una cosa como para explicarlo mejor. Pero las frases no me dejan terminarlo. Tengo miedo a ser malentendido. Por eso copio y borro, copio y borro. Tengo la esperanza que alguien me entienda, por ósmosis quizás.
      Igual tiene sus cosas buenas. No, en verdad no son tan buenas. Me gustaría ser mejor entendido. Incluso creo que es un poco la dislexia. Algo en un rincón de mi cerebro está oxidado. No funciona como debería. Es un producto defectuoso. Y no puedo comprar un nuevo cerebro. Todavía no vivimos en ciudad Esmeralda. De hecho todavía ni salimos de Kansas. El huracán está como a dos siglos de distancia.
      Así que me tengo que arreglar con el cerebro que me toca, defectuoso y todo. Y con el pudor recién adquirido. Una mala inversión, por supuesto. No hablo mal del vendedor. Me lo advirtió. Dijo que las cosas iban a cambiar mucho en mi vida. Que perderia a muchos amigos. Pero al final las cosas resultarían.
      Eso dijo. Las cosas resultarían. No aclaró en qué. Ni qué cosas. Solo dijo: Las cosas resultarían. O sea, una sentencia críptica de dudosa resolución.
      Capaz que tengo que ser más valiente. Animarme a hacer algo diferente, como lo hacía antes, con tanta facilidad. Pero no, no me sale, me da pudor. No fue una buena compra. En realidad debe ser como una maldición indígena que se pasa de mano en mano. Como un HIV, pero maldito. Ahora me tocó a mí.
      Tendré que poner buena cara. La mejor. Y ofrecer un buen producto, tal como hicieron conmigo. Alguno seguro va a picar.

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