domingo, 17 de mayo de 2015

Día 364: Pensamientos ígneos

      Sin problemas en el reino de las coníferas. Las bastardas permanecen alejadas del ruido del mundo. El benemérito pino, símbolo de la navidad y todo lo demás. Cooperativas cuando vienen de a par. Aun en el silencio que las consume hasta la muerte, nadie sabe lo que piensan.
      Si tan solo pudiéramos infiltrar un micrófono en su corteza y palpar los latidos de su corteza. Los pensamientos serían evidentes. Muerte. Destrucción. Asesinato. Incendio. Porque por supuesto, las coníferas son la única especie de árboles pirómanos de la flora terrestre. A decir verdad, eso las emparenta más de lo que se cree con la raza humana. 
      He aquí la historia de uno de ellos. Un pequeño pino que se recibió de árbol de navidad en el 85, cuando todavía no habían sido reemplazados por sus pares de plástico. Lo albergaron en una casa de familia, como un estudiante de intercambio, o sea, con un carácter temporario. Una noche, el árbol se escurrió hacia la cocina, con sus guirnaldas colgando. Las bolas caían sobre el suelo. El pequeño pino hizo lo que se esperaba de su especie. Prendió el horno. Metió una taza de metal en el microondas. Echó nafta sobre el parquet. Y tiró un fósforo. El pobre árbol no pudo escapar de la llamarada. Murió en el ácto víctima de su propia naturaleza.
      Por eso la creación les tiene una trampa. Es por su propio bien, podría ser la justificación. No hace falta mayores pruebas. Para eso tienen raices frondosas. Para eso están alejadas del ruido del mundo. Para eso el silencio atroz que las consume. El bosque de coníferas es la cárcel del árbol que espera morir, sin mayores ilusiones que caer en el fuego que tanto las enferma. 
      Un árbol antiguo, de unos ciento ochenta muchos años, escribió una autobiografía en su mente. A diferencia del ser humano, las coníferas tienen recuerdos desde que son apenas una semilla. Por lo que se dedude que aplastar una semilla puede ser considerado un aborto.
      La biografía de este árbol se traduce en la corteza, a diferencia de lo que creen muchos estudiosos humanos. Para un pino con caspa es una dificultad. Un pino con caspa es como un árbol desmemoriado. En la corteza también se encuentra el cerebro del árbol. A través de la corteza los árboles piensan en su condena eterna, encadenados al despliegue de un mundo en el que no eligieron vivir.

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