lunes, 18 de mayo de 2015

Día 365: Nueva lección de historia

      Una línea de pulso eterna. Sin alterar. Recta. Al ras del suelo pasa el cable. Color tierra. Camuflaje. Atentos a la sirena. Son tiempos de guerra, suena en la radio. Tanques enemigos que avanzan, fuego en la cocina. Invadamos Polonia. Por placer. Por gusto. Por hobby. Por casualidad.
      Su majestad me dice. Su majestad me ordena. Mi manera correcta de explicar lo que ya no tiene razón de ser. Lejos. Aislados. Lo queremos todo. Por las dudas. Mandemos muchos aviones. Por la gloria. Por la reina. Por la piratería. Por la nada. El olvido.
      Rincón rojo de la vergüenza. Frío que congela el pezón de la madre nación. La madre. El personaje retorcido. Halcón de la nieve y el sueño. De lo diferente. Unidos. El sistema y la maquinaria. Una comunidad, eterna, sobre el paisaje. Avanzamos hacia dónde sea. Por la patria. Por el honor. Por fin.
      Tres son multitud. Tarde al hecho, con el cadáver frío. La figura del interés en el muerto que se revuelca. Criaturas muertas del hambre, pelean por los restos del polvo. Divide y ordenarás. Administración. Causa justa. Fin del ciclo. El banco del mundo y sus préstamos justificados al fin mismo de la nada, el olvido y la casualidad. Va por todo. Por la eternidad. Por el águila que aprisiona. Por una moneda.
      Nos rendimos. Sus muertes nos son propias. Adjudicamos el olvido. Tramitamos la nada. Por la casualidad aún vivimos, aún morimos. El germen de la catástrofe, de una inteligencia sobredimensionada. Todas las causas todas, todos los fines, todos. Purgan. Expurgan. La guerra es un callo saliente. Un pus de personas. De supurar no termina. Levanten las banderas. Ganaron los piratas.

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