martes, 19 de mayo de 2015

Día 366: Paro cardíaco

      Una intuición de lo que la memoria puede pedir. La memoria pide muchas cosas. Porque se hace la estrellita y quiere opacar al cerebro. Me debo acordar de hacer las tareas, de portarme bien y de hacer el amor cuántas veces quiera la guacha forra. Un adolescente la pasa mejor. Está sumido en su irrealidad de ser la persona más desafortunada del universo. Porque la caca le cae encima, a él, y a nadie más. Eso es bueno. No hay motivos de qué preocuparse. 
      Pero luego entra la memoria y la vejez. Así, todo junto, en equipo, haciendo juego, como una tuerca fallada. Mire, mi juez, yo no vi nada. Eso es la vejez y la memoria. Lo que opaca mis pensamientos y me deja así ido. Ido. Me va a declarar loco. O puedo ser sospechoso de la cosa. Ni siquiera sé para qué me llamaron. Lo único que escuché es que hay un payaso metido de por medio.
      Lo acepto. Le pegué una piña. Le destrozé la boca. Creo que perdió dos dientes. Lo llevé al hospital, porque soy un tipo bueno. ¿Me pregunta por qué lo hice? Claro que se lo voy a responder. Tengo un sentido del deber y la decencia, eso es todo lo que puedo decir. Ya se lo mencioné antes, un adolescente la pasa mejor. Disculpe si desvarío, tengo complejo de artista frustrado. Siempre quise escribir un libro, pero no me salió. Lo más cerca que estuve fue esa vez en que rayé un Quijote con la lapicera. Je je je. Era una broma, ¿la entendió? Escribí un libro. Lo rayé. Je je je. 
      Como le decía, llevé al payaso al hospital porque me considero un buen ciudadano. Pero la piña se la merecía. Verá, a esta edad soy muy susceptible al buen humor. ¿Sabe que los buenos comediantes pueden causarme un paro cardíaco? Recuerdo hace unos años, fue antes que muriera el pobre, tuve la oportunidad de ir a un espectáculo de Richard Pryor. Ese tipo era bueno, se lo aseguro. Hizo que mis venas se tensaran. Lloré durante todo el espectáculo. Durante tres meses no pude salir de mi casa. Por supuesto me tuvieron que hospitalizar. Ahí fue cuando descubrieron mi dolencia. Alergia a la comedia. Así lo determinaron. 
      Pero es como la marea, sabe, va y viene. Un chistecito no hace nada. Incluso cuando la cosa es media absurda y no la entiendo, es como si me contaran un drama. Pero si es una porquería muy graciosa, puedo quedar como bien muerto. Así, todo muerto. Algunos idiotas creen que es broma, pero no, es muy cierto. Llevo conmigo el diagnóstico médico para mostrárselo a quien quiera. ¿Se lo doy? bueno, me lo guardo. 
      Por supuesto, ese payaso es un pésimo comediante. Nada que ver con Richard. Lo de Pryor era el cielo de la risa. Este tipo habita en una clase de infierno en donde la risa no está permitida por considerarse un artículo banal e innecesario. 
      Por supuesto también le expliqué lo que le dije a usted, señor juez, acerca de mi condición. Pero ya sabe, oh memoria, lamento escondido. Bañas tus jugos con el ceño del amor. La poesía me relaja. Por eso cada tanto cito algo o lo invento. No es tan bueno, sabe. Pero ayuda. Me libera la tensión. El nervio. Usted me ve acá sentado, compadeciendo, como si fuese un asesino serial. ¿Sabe usted que a Raskólnikov el que le cagó la vida no fue la culpa ni el hambre sino la mente de Dostoyevski? Si el tipo hubiese sido una persona más entera de cabeza, hubiese permitido a su personaje que se fugara a las Islas Caimán, por lo menos. ¿No lo cree así? Leo mucho. Me gusta leer. Tengo el hábito de imaginarme mejores destinos para los personajes de las novelas. Esa es mi habilidad. Me sale bien, se lo juro. 
      Volviendo al caso. Le pido disculpas a la familia del señor payaso. Tengo entendido que ya está fuera de peligro. Voy a pagar lo que tenga que pagar. Pero le pido encarecidamente que tenga en cuenta mi condición. Sé que quieren meterme preso. Por pegarle a un payaso. Es algo inaudito. Mejor dicho, es una broma. Un chiste del destino. Quieren que muerda. Je je. Encarcelado. Je. Rodeado de payasos de colores. Y guirnaldas. Je je je. ¡Por viejo! Jejejeje, ¡Y loco! jeje ¡Llamen a Richard! jejejeje ¡Allá Voy! jeje.

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