miércoles, 20 de mayo de 2015

Día 367: La persistencia del acto

      La foca salió al muelle presidencial para aplaudir a sus seguidores. Pide pescado. La foca tiene hambre. El efecto invernadero hacía estragos, cada vez quedaba menos que comer. Y el presidente lo sabía. Pronto vamos a empezar a comernos entre nosotros, como le pasó al abuelo, piensa la foca.
      Cuenta la leyenda que en ese momento el abuelo se comió a la abuela. No le pidió permiso, dado que era una foca orgullosa. La agarró por atrás, con la boca bien abierta y empezó a masticar hasta que no recibió más resistencia. Para ese entonces la abuela había parido más de tres camadas de pequeñas focas, entre ellas el padre del presidente.
      A diferencia de la raza humana, las funciones políticas de una foca son más complicadas de ejercer. El presidente, más allá del rol nominal del puesto, debe asegurar el bienestar sexual de sus seguidores, así como también impedir que las focas se coman entre ellas. Las riñas de focas que terminaban en grandes almuerzos o cenas eran algo común. La foca tiene un costado canibal difícil de reprimir.
      El presidente no descansa. Tiene que asegurarse que todas las focas mantengan un ritmo sexual acorde al incremento deseado de la progenie. En caso contrario, es obligación del presidente inseminar en persona a toda hembra con capacidad de gestar pequeñas foquitas.
En cuanto a los problemas de comida, es el presidente el que tiene que asegurar que cada foca lleve un estricto control de sus comidas. No debe dejar que ninguna foca engorde o adelgace más de lo previsto, por eso en muchas ocasiones debe seleccionar con sus propias manos el pescado que servirá de comida para sus seguidores.
      El presidente tiene miedo a las revueltas, porque recuerda los tiempos de su abuelo. Una turba enfurecida puede llegar a comerlo, sin pedir permiso, como le pasó a su abuela. Por eso elige las palabras con cuidado, tiene que usar la política de su lado para mantener el orden de las cosas, cualquier detalle librado al azar puede significarle la muerte inmediata. El sistema gubernamental de las focas no es bueno ni malo, ni siquiera podría considerarse justo. Es un sistema adecuado. Apropiado a las cualidades que imperan entre estos animales.
      Lo más duro suelen ser las competiciones. El presidente sabe que no es único e irrepetible. Como él hay miles de presidentes, cada uno con su propia nación. Es raro ver a un presidente foca con más de cinco seguidores. Las focas no suelen tener mucho carisma. De hecho suelen ser sujetos toscos y poco agradables. Salvo este presidente.
      Su cuenta es de cien seguidores, y el número crece. Este presidente sabe sonreír, algo inaudito en una foca. Dicen por lo bajo que lo aprendió de los humanos, así como otras mañas muy útiles a su desempeño político. El sueño del presidente es una nación única de focas de todo el mundo, en donde haya pescado para todos. En ese sueño nadie muere de hambre, nadie muere comido y todos tienen actividades sexuales por encima del promedio esperado.
      Las focas se acercan. Dicen que se avecina la revolución. El presidente sueña con tomar una ciudad humana. Con suficiente carne para todos, ni una sola foca pasaría hambre. Las focas se acercan. El círculo se enciende. El presidente va a hablar. 

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