sábado, 23 de mayo de 2015

Día 370: Anomalías

      Un falso estímulo. Se equivocó de persona. La otra era pelirroja y ésta es morocha. La cara es diferente. Es otra mujer, pero a su vez es la misma. Pero algo se generó dentro suyo. Peláez lo sabía. No era pero era ella. ¿Cómo sería posible? Si lleva ya, ¿cinco, seis años? Si estuvo ahí cuando pasó todo. Una bala en el sitio indicado no se equivoca. 
      La siguió unas cuadras, como para sacarse la duda. Era ella. Camina igual. ¿Para qué habría montado un circo semejante? Durante esa semana que duró la porquería la vio unas siete veces y en todas la encontró del mismo modo. Rígida como los de su especie. 
      Peláez le gritó. ¡Marian. Marian! La mujer se dio vuelta. Tenía la misma expresión de un muerto. Reconocía el nombre. Pero estaba asustada, pálida como un témpano pintado de blanco mate. Señor, usted me confunde con otra persona, pero en realidad su apreciación no es del todo errada. Soy lo que voy a ser. Seré Marian. 
      Ahora el hombre palideció. Medio por la sorpresa, medio porque no entendió. La versión extendida duró horas. En resumen, la mujer le brindó a Peláez una visión diferente acerca del sentido de la humanidad. Piezas recambiables. Todos lo somos. El universo es como una habitación gigante en el que fuerzas invisibles ponen y disponen el lugar de las cosas.
      Para dar un ejemplo, nosotros somos como foquitos de luz. Cuando uno se rompe, se reemplaza. Y así. Aunque un ser humano no siempre se comporta de ese modo. Algunos duran más, otro menos. Y después están los factores meta que trascienden al capullo físico. Es algo así como un alma, pero en realidad es algo más complicado. Digamos que es una partecita importante para que la habitación esté en orden, y da la casualidad que a veces se encuentra en el cuerpo de ciertas personas o animales. 
      Usted es descartable, Peláez. Podrá amarme hasta su muerte, y se lo voy a permitir. Pero una vez que la naturaleza acabe con su cuerpo, ese será el final de la cosa. No se aflija, vivir por toda una eternidad no es tan divertido como parece. 
      El hombre, asustado, dio media vuelta y siguió su camino. Tenía la seguridad de que le habían transmitido una información importante, pero no entendió ni medio lo que le dijeron. Marian. Está cambiada, muerta pero cambiada. Ahora sonreía, lo mejor va a ser olvidar que esto pasó.

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