martes, 26 de mayo de 2015

Día 373: La bestia letrada o Una extinción encubierta

      El tipo era un ensayo deforme. Un bebé muerto le colgaba en donde debería haber un brazo. Un testículo gigante reemplaza la pierna izquierda. Y así en lo sucesivo. Para que se hagan una idea.
      Una vez salió a la calle. Por suerte no lo apretaron. Es que llevaba un sobretodo. A las personas no les gusta que se les recuerden que tan deformes pueden ser los cuerpos humanos. Por eso prefieren que horrores como el sexo, la homosexualidad y las partidas de TEG se hagan a puertas cerradas. A las personas tampoco les gusta que se les recuerden qué tan intolerantes pueden llegar a ser.
      Este horror de la naturaleza salió a la calle y compró una pizza en la rotisería de la esquina.
      El tipo perdió a su padre hace cinco años. Vive con su abuela por parte de madre, que fue la que lo crió y le enseñó todo lo que sabía. Por cierto, una enseñanza más completa que cualquier secundario de la actualidad. Así que ante todo el tipo era una bestia letrada.
      Fue una salida extraordinaria. No volvió a repetirse hasta que su abuela enfermó. Por ese entonces, el mundo externo invitó al tipo a descubrirlo, con todos sus matices. La suerte evitaba que lo lincharan. Son salidas controladas. Algún medicamento por acá. Comida por allá.
      Luego el mundo tienta. Con sus luces. Con la luz tentadora de un mundo que tienta. Y no para de tentar. El tipo, claro, se tienta. Y deja caer el ropaje. Y aparece el bebé muerto colgado del brazo. Y el testículo gigante. Y el resto de las deformidades. Como ese ojo verde que cuelga de la nuca. Y a las personas eso no le gusta. Porque la intolerancia no les deja respirar otro aire diferente. 
      Así que lo persiguen, como en los viejos tiempos. Hacen galas de las mejores persecuciones. Esas de película. O de libro, para el público lector. El tipo lo entiende ya que es, ante todo, una bestia letrada. Es iluso y trata de convencer a la turba con palabras razonables. Muy difícil que pueda encontrar un vestigio de razón que nazca desde lo más profundo de las pasiones humanas. En cada persona nace un pequeño monstruo con hambre, que quiere devorar lo que sea, al precio que sea. 
      El tipo descubrió que tenía cosas que las personas deseaban. A saber: deformidades y poderes fuera de lo común. Los nativos suelen llamarlo magia. Para este horror de la naturaleza es tan solo una forma más de consumir una venganza por fuera de la razón.
      Y podría haber aprovechado y comérselos a todos, o algo similar Pero prefirió hacerlos inteligentes, a la turba, a la ciudad y a la nación entera. Hasta ahí llegó su poder. No sé si fue mucho, o poco. El asunto es que todos comenzaron a sentirse como líderes idóneos del país, sean niños, locos o borrachos. Los criminales, y los no tanto, fabricaron bombas atómicas en sus garages. La ridícula carrera armamentista terminó con un agujero en la Tierra del tamaño de la India. 
      La fuerza nuclear de cientos de bombas caseras destruyó la atmósfera en cuestión de semanas. Por mala suerte, las personas más inteligentes de la Tierra, aquellas que podrían haber solucionado este inconveniente, estaban ya rostizadas por el efecto de sus propias bombas. El resto no dio en la tecla.

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