miércoles, 27 de mayo de 2015

Día 374: El dios cojo (o coge)

      Hefesto era tan feo que asustaba hasta a su madre. Para desquitarse ante tanta fealdad procreada es que lo tiró del Olimpo. Así en caída libre. Hefesto cayó y cayó, por nueve días, con sus nueve noches incluidas. Hasta que su cuerpo dio de bruces contra el mar.
      Cayó en Lemnos, donde aprendió a valerse por sí mismo, gracias al patrocinio de Tetis y Eurínome. Hefesto dominó pronto la forja y el hierro. Se sentía tan seguro de sus dotes que decidió darle un regalo a su madre, en recuerdo de aquella memorable caída. Un hermoso trono embrujado.
      Hera maldijo (una vez más) a su hijo. Sus nalgas estaban atoradas y el trono se cerraba a medida. Zeus se encontraba de viaje. En realidad siempre fue una fachada. Por ese entonces, las fechorías amatorias de Zeus se mantenían en alza.
      Así que todo quedó en manos de los principales dioses del Olimpo, que enviaron a Hermes con un mensaje para el feo orfebre de Lemnos. Una disculpa oficial. Y un pedido de auxilio. Hefesto se rió en la cara del mensajero. ¿Tan gorda está Hera que no puede sacar el culo del trono que le fabriqué? No volvería al Olimpo ni de broma.
      Hefesto siguió sacándole lustre a su yunque. El dios se sumió de nuevo en su proyecto ultra secreto: una cadera mágica. Dejaría de ser cojo. Así puedo tirar este bastón de mierda y dejar de lado las pastillas de Vicodin.
      Desde el Olimpo llovían los mensajes, como spam en un e-mail virgen. Como Hefesto hacía oídos sordos a las súplicas de sus hermanos, los dioses optaron por una estrategia más ruda. El vino de Dioniso, el tentador vino. Una gran orgía se montó en la herrería de Hefesto. Tanto Dioniso como Hefesto terminaron borrachos como una cuba. Claro que la resistencia alcohólica de Dioniso no tiene comparación. Así que todavía quedaba un rastro de sobriedad que le permitió llevar al dios de la forja de retorno a su hogar.
      Hefesto, enojado por la treta, pidió unas cuantos requisitos para pactar la liberación de su gorda madre y su vuelta al Olimpo. Primero, le tendrían que otorgar la licitación para manufacturar productos de metal en el Olimpo. Obtendría así el 70 % de las regalías menos el impuesto al rayo de Zeus. Segundo, Hefesto se reserva los derechos de tirar del Olimpo a quien se le antojase en el momento que quiera. Tercero, el Olimpo tiene que asegurar la contratación de mano de obra para su forja y cuarto, y no menos importante, Hera tiene que asegurarle la mano de Afrodita. El casamiento sería dentro de dos semanas, y así acallarían los rumores acerca del amorío entre Hefesto y Prometeo.
      Desde entonces la forja de Hefesto no detiene su producción. Dicen que la mayor afición del dios cojo es forjar penes de Bronces. Por día puede llegar a fraguar entre cien y ciento veinte penes de bronce, de unos treinta centímetros cada uno. Luego fraguó otros elementos mágicos de gran importancia, pero esa es otra historia menos interesante.

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