sábado, 30 de mayo de 2015

Día 377: Ruidos allá lejos

      Los marcianos avanzaron en círculos, conforme lo establece el protocolo de negociaciones del planeta. La reserva humana se encontraba a unos diez kilómetros de distancia. La reserva humana era todo un problema. Los marcianos apelarían al civismo, aunque con los humanos nunca se sabía.
      Ya habían pasado trece años de la colonización de Marte. Eso le hacían creer a los humanos, cuando en realidad era al revés. Al terrestre se le puede quitar todo, menos la ilusión de control, tal era el veredicto de los sabios de Marte. Déjenlos que crean. Seremos sus esclavos si así lo desean. Los humanos libres se encontraban encerrados en una reserva de 100 hectáreas, las cuales eran custodiadas por una tribu de marcianos colonizados.
      El camino trazado por los círculos se aproximaba a la órbita de la residencia terrestre. En total vivían 18 humanos en la llamada Nueva Tierra. 18 humanos bulliciosos. 18 humanos que no respetaban las horas de sueño marciana. 
      La Nueva Tierra no era un signo de opulencia. De hecho vivían en una pobreza extrema. Pero eso no importaba demasiado. Eran felices gracias al aire marciano, cortesía de las bombas de gas de sus colonizados. En la Nueva Tierra 18 humanos vivían drogados, desnudos y ponían la música a todo lo que da. 
      De haber vivido algunos siglos en la Vieja Tierra, los marcianos habrían asociado este comportamiento a los llamados hippies. Pero un marciano solo conoce el suelo de Marte, y así desea que sea por siempre. El marciano mantiene en orden lo que puede entender e ignora el resto, porque así se criaron. Es el aire marciano.
      El pedido de silencio fue antecedido por un por favor. La cortesía pareció funcionar poco o nada. Los marcianos fueron elevando el tono de sus poderosas voces a medida que avanzaba la discusión. Los humanos parecían ignorar las raíces profundas de su desacato. Estamos de vacaciones, no molesten. Esa era la respuesta. 
      El marciano no necesita vacaciones ya que, como todo en su vida, el equilibrio es lo primordial, así que el límite entre descanso y trabajo no existía. Una cosa era más importante todavía: el silencio. Los marcianos no toleraban el ruido. Sus oídos eran cien veces más desarrollados y sensibles que los de un perro terrestre. Cualquier minúsculo ruido los violentaba, aunque no sean una raza violenta. Es el aire marciano.
      Y la condena podía ser eterna, dado que el oído marciano es prácticamente indestructible. 18 seres humanos ruidosos. Eso no es el aire marciano. La comitiva colonizada abrió el círculo hasta formar una línea recta. Cabe mencionar que las armas marcianas no se andan con bromas. En un milisegundo el debate finalizó. De este modo fue como 18 humanos colonizadores se convirtieron en 18 humanos rostizados.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...