domingo, 31 de mayo de 2015

Día 378: Una nación competitiva

      Luego de decodificar la señal el enemigo se lanzó sobre su presa como un jaguar descompuesto. Los libros especifican destrozar y no dejar restos. Esa era la directiva. Por si fuera poco, el coronel estaba loco. Se había comido toda esa idea de Vietnam y ese militar de la película hecho por Brando. Y no se dio cuenta. Las guerras habían cambiado.
      La guerra había perdido su capacidad de significar la matanza que enarbolaba en sus acciones. Tantas muertes redundaron en un período inalterable de paz. Las nuevas guerras se desarrollaban en silencio, como un acto más del amor que se pregonaban entre las naciones participantes. El Comité Olímpico Internacional  le encontró un rédito a la situación y así fue como la guerra se volvió una competición olímpica, con medallas y todo.
      Como fue de esperar, el oro, plata y bronce fue a parar a manos de Estados Unidos, China e Irak. Los campos de batalla eran pequeños modelos a escala de guerras pasadas. Las coreografías no distaban de las practicadas por los equipos de nado sincronizado. Salvo las balas, y las bombas, y todo lo demás. Así fue como, en el espíritu de la competición el Comité Olímpico Internacional cometió el gran error de extender una invitación a la nación de Antigua y Barbuda para competir en la disciplina Guerra.
      Lo que se habría de esperar no pasó. Antigua y Barbuda no fue eliminada en la primera fase. Contra todo pronóstico, el equipo de Guerra antiguano se plantó en cuarto de final. La sorpresa fue atribuida al ímpetu de su capitán, el coronel Johnson. Los especialistas describen a Johnson como un veterano de tres guerras y cuatro dormitorios. Un hombre con temple, bizarro, con la experiencia suficiente como para derribar a un delfín en el aire.
      Lo que se olvidaban de agregar los especialistas es que el coronel Johnson estaba más loco que una cabra. La locura le rezumaba por los poros. Al principio parecían bromas de trinchera. El hombre jugueteaba con la utilería y le temblaban las manos. Tomó el rifle reglamentario y disparó a la multitud. Todos aplaudían la osadía del antiguano. Nadie esperaba heridos. Las balas eran de salva.
      Bueno, lo eran, hasta que el capitán las cambió por balas de verdad. El coronel Johnson arremetió contra la multitud con la resolución de un Brando. Full metal jacket. Pelotón. El coronel Johnson se las había visto a todas a pesar de no haber ido a ninguna guerra en realidad. Bullía su mente de fantasías de guerra. Fue increíble. Lejos de ser desclasificados, a pesar de la masacre, la nación de Antigua y Barbuda obtuvo un meritorio cuarto puesto. Los primeros tres fueron los esperados.  

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