miércoles, 3 de junio de 2015

Día 381: El ruiseñor canta hasta morir

      Mamá está que trina. Me prometió sacarme a pasear y me mintió como una descarada. Pero me porté mal. Maté a ese pajarito. Mamá me dice que era un ser humano. Para mí era un pajarito. Mamá me quiere llevar al oftalmólogo. Tal vez aprovechar la vuelta y pasar por el psicólogo también.
      Mi suposición inicial era correcta. Mamá y el pajarito andaban en algo. El pajarito se posaba en la ventana y le daba su canto. Pi pi pi. Mamá sonreía y se ponía toda colorada. El pajarito cantaba bien.
      Lo bajé de un hondazo. Ya no canta más ese pi pi pi. Y mamá está enojada. La entiendo. Desde que nos dejó papá no hace más que llorar y echarme las culpas por todo. ¿Tan monstruo me cree? Como si a mí no me afectara. Pensará que voy a crecer y la voy a vengar, como todo buen héroe de novela. Pero tan solo tengo mis años a cuesta, y una experiencia que se remonta a la vida en el secundario. 
      Ah, y también maté a un pajarito. Ese que mamá jura y perjura que era un humano. Quizás tenemos diferencia de criterios. Nunca nos pusimos de acuerdo con mamá. A ella le gusta la noche, a mí me gusta el día. Ella escucha boleros, yo prefiero la bossa nova. Incluso miramos programas de televisión diferentes. Por eso nunca hablamos de cosas que sean demasiado profundas. Creo que existe un temor mutuo sentado a la mesa y tiene la forma de fantasma. Ese es papá. Está ahí, sentado, y no nos deja tirarnos toda la mierda que llevamos acumulando por años y años. 
      Papá tendría que haberme puesto en vereda las veces que fuera necesario. En cambio, mamá se puso a cargo de todo. Tampoco es que lo hizo tan horrible. Pero no le alcanzó. Fue deficiente. Y así salí, deficiente en la vida. Deficiente y asesino de pajaritos. 
      Pero no por mucho tiempo, mamá. No por mucho tiempo. Me tuviste encerrado durante 17 años de mi vida, como un ruiseñor puesto en una jaula. Yo también puedo ser un pajarito. Pi pi pi. También puedo cantar. Y quiero ser libre. Basta de ver barras y oscuridad por culpa de un fantasma que ya no tendría que existir. Papá se fue cuando tenía dos años. Aunque no lo crean, todavía no sabía caminar. Los doctores le dijeron a mamá que es algo normal en estos casos de separaciones traumáticas. Aún me cuesta caminar. Suelo trabarme las piernas. Mis compañeros del secundario se me ríen. Y con justa razón. Soy un pajarito defectuoso. Pero especial. 
      Mamá me dice que soy un chico especial. Supongo que esa será su forma cariñosa y condescendiente para decir que soy una aberración de la naturaleza por haberle matado a su pajarito preferido. No creo en la zoofilia, para mí es todo un invento que nos quieren hacer creer, como para que no nos metamos con los animales. Pero de mamá sí lo creo posible. A mí me faltan unos tornillos, lo acepto, pero a mamá también le faltan otros cuantos. Como les decía, mamá no deja de llorar y echarme mierda sobre mis zapatos. Así es mamá. Una grandísima hija de puta. Pero aún así la quiero. Me sacó del estómago cuando podría haber abortado, por ejemplo. En realidad tuvo la oportunidad, pero la cosa salió mal. Y ya después era un riesgo para su vida. Así que tuvo que encargarse del fenómeno de circo, o sea yo. Alégrate, hijo, camina y da un paso. A mí yo de bebé poco le interesaba caminar. Supongo que en el fondo sabía que tendría que haber sido abortado. Un mal plan de la naturaleza. Borrón y cuenta nueva. Así de fácil podría haber sido para mamá si yo no le hubiera cagado los planes.
      Pero no me quejo. Crecí bastante sano, salvo una pulmonía que me tuvo a mal traer unos cinco años atrás. Mamá me crió como pudo, lo sé, a pesar de ser una grandísima hija de puta. No la odio, la entiendo a pesar de detestarla con toda mi alma. Todavía cree que soy un bebé. Me trata como un asesino. Gracioso, viniendo de una mujer con ideas de aborto en la cabeza. Ya no me importa entrar en discusiones. Le podría matar todos los pajaritos y eso no me haría feliz. Este ruiseñor desea volar. Acá tengo mi fajito. Estoy preparado para abandonar el nido. Decime chau, mamá. No me extrañes. Pi pi pi. 

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