sábado, 13 de junio de 2015

Día 391: Un día para las demandas

      El gato es verdadero. El gato no es broma. Por eso tiene a veinte almas de rehén encerradas en las inmediaciones de un banco. Los medios de comunicación afuera, charlan, de la confusa situación. Dicen que tal vez el animal no recibió suficiente leche de cachorrito.
      El comando antidisturbios no cede ante los pedidos del felino. El gato quiere una bomba de cinco megatones y un silbato. Todos se preguntan, ¿para qué el silbato? El gato no obedece al mandato del tiempo, solo pide y pide porque, al igual que los humanos, le sale bien pedir.
      Los gatos no creen en la democracia. Tampoco creen en la tiranía. A lo único que responde un gato es a una suerte de gatocracia, que es como una anarquía articulada. A los gatos, a diferencia de los seres humanos, se les permite estar locos y no se los juzga, encierra o aísla por ello. Incluso a algunos gatos locos se los felicita por su audacia.
      Y un gato encerrado puede cometer muchas locuras, sobre todo si está loco. Puede tomar veinte rehenes en un banco y pedir muchas cosas. Como este caso. Luego coloca entre sus patas una ametralladora y empieza a disparar. Por que tampoco le preocupa. Los rehenes corren de acá para allá, no saben si van a salir vivos.
      Las negociaciones se acaban. El gato es verdadero. El gato no es broma. La policía sabe que con el gato no se jode. Al menos obtuvo lo que quería. Un nuevo silbato. 

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