viernes, 19 de junio de 2015

Día 397: Equipo creativo

      La fábrica tuvo un cese de producción por una fuga de ideas. Un torbellino de dos kilómetros de diámetro giraba por sobre lo que había sido el techo del edificio. La cosa absorbía todo lo que se le acercara, sea chapa, máquinas de café o contadores con más de diez años de experiencia en el mercado bursátil.
      El torbellino, contento con su gran genio, se sintió de pronto lleno. Tendría que caminar un poco para aligerar la carga. Estaba demasiado cargado de buenas ideas. La porquería lo había absorbido todo. Hasta tenía dentro de su vórtice unos planos super secretos para la construcción de una bomba diez veces y medio más potente que la que estalló en Nagasaki. A esa altura, no era solo un  viento fuerte corriendo en círculos, era  más bien un huracán con vida. Y buenas ideas, claro.
      Así se le ocurrió que podría formar, si se lo propusiera, un puente hecho con personas. Utilizaría a los seres humanos como si fuesen piezas de lego. En el aburrimiento de ser un huracán con ideas, el torbellino construyó el puente, y luego un rascacielos. Y también un tren. Y muchas casas. Todo hecho de carne humana. A esa altura, la mayoría había muerto aplastada o desgarrada por la velocidad del viento. Cuando el juego no lo divirtió más, lo tiró todo con un fuerte soplido. Así murieron el resto de las personas que aún quedaban vivas o lastimadas.
      Extenuado del sopor ante su nuevo talento creativo, el torbellino empezó a formular teoremas. Se dedicaría a destruir la Tierra mientras da una solución al origen de la vida y su sentido, y todo lo demás. Descubrió que la raíz del problema estaba igualada en su resultante. Todo el resultado de la vida equivalía a un cero. Cero. Nada albergaba un recodo de sentido. La vida es un fenómeno sobrevalorado. Una alteración en una serie de constantes. Un producto del azar. 
      El torbellino no dudó acerca de la eternidad. Él era y es, eterno. Eterno como la naturaleza. Su energía no detendría nunca la marcha. Con la fuerza de todos los planes secretos de bombas girando en su interior detonaría una serie de vientos. Uniría a sus fuerzas a las millones de energías que rondan por el universo. El mayor huracán de la galaxia. Eso sería. La mancha roja de Júpiter palidecería ante su presencia. Eso sí que es una buena idea.

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