lunes, 22 de junio de 2015

Día 400: Enroque

      Una de piratas, exigía el niño. La demanda fue tan intensa que el desconocido accedió al suplicio. El cuento fue tan horrible que lo mató del espanto El niño estaba duro como una piedra muerta. El secuestrador emitió un lamento. Su fuente de dinero se había esfumado con la vida de aquel chico.
      Tampoco iba a poder evitarlo, en realidad morir era parte del juego. Sin saberlo, el niño pertenecía a la primera tanda de humanos que podía morir y revivir cuando quisiera. Antes de volver a encender las luces del negocio jugaría un rato con su secuestrador.
      El niño volvió para realizar su cuento de piratas. Los fantasmas del futuro negocian su ectoplasma. Eso es lo que le permitió tomar la espada y juguetear con ella. El niño fantasma blandió el arma en dirección al secuestrador. El juego era perseguir al secuestrador.
      El secuestrador advirtió la extraña presencia. Corrió por los pasillos. Salió de la casa, aterrado. Reconocía esa energía, rara, perturbadora. El niño quería azotarlo desde más allá. Pero se equivocó, el niño no tenía en mente cosa semejante. El niño muerto, que pronto volvería a la vida, solo quería jugar.
      El juego era fácil, con la espada rebanaría cada pedazo del hombre que lo retenía contra su voluntad. Sería divertido. Después volvería a renacer y todos contentos. Y no fue así. Solo el niño tenía la posibilidad de revivir.
      Aunque el desenlace del juego fue lo inesperado. El secuestrador murió y no volvió. El niño murió y volvió. Pero el cuerpo del niño ya no tenía ocupante. El niño se había convertido en el secuestrador.

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