jueves, 25 de junio de 2015

Día 403: Obituario literario

      Ese hombre es capaz de matarte con una sola palabra. Es como una especie de kung fu de las letras. Sus metáforas son como estrellas ninjas que atraviesan riñones. Así dicen. Bueno, así me lo contaron. Nunca conocí a ese escritor legendario que le dan tanta fama, como si estuviese hecho de plomo.
      Debo confesar: lo busqué. Quería que me transmitiese sus enseñanzas milenarias. Que compartiera alguno de sus secretos. Y lo encontré, ahí, tirado, al lado de un tacho de basura. Vendió millones de libros y se cansó. Porque la humanidad. Porque eso. Y todo lo demás. Era un viejo borracho y vagabundo. Pero escribía como un Adonis. Si mi madre lo hubiera leído seguro se habría mojado. A ella le ponían cachondas las novelas rosas. Este super escritor escribió muchas de ese tipo. 
      Dicen que en una noche escribió una novela de novecientas páginas que haría del Quijote un racimo de mierda, y que después de escribirla la tiró al fuego. Podría haber sido un Shakespeare cualquiera, pero prefirió ser un vago. El tipo repartía argumentos por la calle, para que cientos de autores nóveles vendan por millones. Algunos llegaron a decir que el escritor milenario era un Jesús de la literatura. Nada más exagerado. 
      Porque, digo, era un hombre común. Con tantas pasiones como miserias. Nada diferente a lo que yo soy. Con más talento, seguro. Pero con una capacidad nula de aprovecharlo. Nació para vivir la vida, y nada más. La transliteró a los márgenes de la literatura, por ocio, por placer. Y después se aburrió, como nos pasa a todos. Cuando las cosas son fáciles, aburren. Por eso los mejores escritores son aquellos a los cuales les resulta difícil escribir. Mientras más difícil es la tarea, con más empeño nos dedicamos. Hay que decirlo, somos hijos del rigor.
      Y este tipo era más bien un hijo de la vagancia. No fue una visita en vano, igual. Debo decirlo. El hombre tenía un sistema de pensamiento que considero adecuado a los tiempos que corren. Vive con poco. Aleja las preocupaciones. Conoce tu lugar en el universo. Altera las ecuaciones. Y otro tantos de máximas de esa calaña. 
      Vivió una buena vida. Como vago, pero buena vida al fin. Murió a los 116 años. Todos años felices. ¿Cuántas personas pueden jactarse de algo similar? Descubrió antes que muchos la inutilidad del pensamiento. El tipo fue un adelantado. Por eso escribió, para jodernos la vida. Porque disfrutaba haciéndonos mover el cerebro. Estoy seguro que el escritor maravilloso ese podría habernos hecho despertar. Despertar, de una vez por todas. Pero prefirió dejarnos dormidos, como bebé. Porque les gustaba vernos así, todos boluditos. Porque le parecíamos que así éramos tiernitos. Que en paz descanses, escritor. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...