viernes, 26 de junio de 2015

Día 404: Guerra biológica

      Prendan una vela por aquellos caídos en cumplimiento del deber. Por aquellos que tuvieron que fumarse el pedo de la vida. Que lo inhalaron hasta las heces y para peor, les gustó. A esos les gusta clavarse un papel celofán en la cabeza y tragar el aire hasta que el oxígeno se acaba y no es más que vacío y vacío y vacío y todo lo demás.
      ¿Qué podés decirle a un muchacho que lo perdió todo? Su familia fue arrasada por un pedo vengador. Es la era de los pedos. Porque evolucionaron. Ahora no necesitan pedir permiso a las personas, salen cuando quieren. Y para mal de peores, son letales. No en el sentido metafórico de la expresión. Son letales de verdad. Matan. Cada persona guarda detrás de su cuerpo un potencial Hiroshima.
      Dicen que es lo que comemos. A lo mejor es la evolución de nuestros cuerpos que nos lleva por caminos locos, insospechados. Por ahí es todo una joda o una casualidad. O quizás es un poco de todo. Posibilidades. Las rumiamos durante el día. Las cagamos durante la noche. Y después rezamos por la abuela. Como ese soldado que luchó por su patria en una guerra chica, y lo trajeron de vuelta en un cajón. El pedo de un abuelo le desfiguró la cara. Tuvieron que hacerle un ADN a veinte mil familias para reconocerlo. Es verdad. Es triste.
      Por eso lo mejor que te puede pasar en la vida es agarrarte una sinusitis o un catarro. El que no huele sobrevive. El moco impide que las toxinas del flato ingresen por las vías respiratorias. El pedo, imposibilitado de asesinar a su victima, decide ingresar a un nuevo orificio, como por ejemplo, un rinoceronte descuidado. Porque sí, el pedo también vulnera a los animales.
      Las naciones más militarizadas del planeta aprovecharon estas contingencias. Inventaron los primeros misiles pedo-tierra. El arma, desarrollada en pleno secreto, tiene una capacidad destructiva de miles de kilómetros. Para que se hagan una idea, si les cayera en la cabeza un misil pedo-tierra, el calor del cuerpo opacaría por unos segundos al sol. Eso sin contar el olor. Letal.
      Por eso homenajeamos a los caídos. Porque el pedo ahora es más. Desde su nacimiento hasta dominar el mundo, las flatulencias gobiernan la Tierra. Saludamos a aquellos culos portadores de novedades. Del aire depende nuestra vida. 

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