sábado, 27 de junio de 2015

Día 405: Galaxias distantes

      Cultivó un despreció gótico, como para borrar todas las dubitaciones de su rostro. ¿Qué tan parecido a su padre había sido? Ahora no importaba. Está muerto. Como la Tierra. Donovan se manejaba con presteza entre sus heredades. Una vieja casona que se caía a pedazos, eso es todo lo que dejó el viejo. Ni oro, ni un carruaje suntuoso. Ni siquiera deudas o enemigos. El señor Donovan se fue pobre de este planeta, pero en paz con la vida.
      Donovan, en cambio, si tenía enemigos, y muchos. Parecía que los coleccionaba. También lo acuciaban los acreedores. La bebida, el juego y un carácter ansioso son mala combinación. Pero eso el viejo no llegó a advertirle. Enloqueció mucho tiempo antes. Para ese entonces Donovan era un joven que se tuvo que hacer hombre a duras penas. Tenía las facciones de su madre, a quién no había conocido, dado el sacrificio que ofreció. Su cuerpo a cambio de una nueva vida.
      Así vino al mundo Donovan, signado por el asesinato ritual de su madre bajo el peso de un parto malhabido. A cambio obtuvo mucho más que una vieja casona. El pacto eterno de la belleza. Las mujeres suspiraban. Los hombres ofrecían por lo bajo sus propuestas, de carácter indecente. Donovan no hacía oídos sordos a nadie.Su cuerpo debe disfrutar esta corta estadía por la Tierra.
      Hombres de mucho poder pagaban por sus servicios. Nadie conocía tantos trucos en la cama como Donovan. Solía dejar saco a sus clientes, sin ninguna clase de jugo. Las sesiones eran maratónicas. Por ese entonces alternaba sus horas de trabajo con la bebida y los fumaderos de opio. El juego se agregó unos años después a la ecuación. Para ese entonces Donovan padre ya todo un esqueleto en el mausoleo de la familia.
      Las noches de juerga se sucedieron y con ellas los acreedores. Cada acreedor no satisfecho se convertía en un enemigo. Y así en lo sucesivo. Por cierto, Donovan era un pésimo jugador de cartas, Los números se equilibraban con sus ingresos de amante excelso. Cuando su padre murió, la adicción por el juego de Donovan se acentuó. Lo mismo pasó con la botella.
      Muy pronto Londres se volvió un lugar pequeño en donde esconderse. Hacia donde caminase se encontraba un acreedor insatisfecho o un nuevo enemigo. Acorralado como estaba, Donovan decidió recluirse en la vieja mansión de su muerto padre.
      Pasó meses encerrado, entre las ratas y el polvo. Vivió de los pocos víveres que había dejado su padre. Por suerte para su incipiente alcoholismo, la bodega estaba llena de los mejores vinos de Europa. Su necesidad de sobrevivir superó a la necesidad patológica de jugar. Donovan jugaba solitarios con auto-apuestas. Así vencía la tentación. 
      Una noche, demasiado borracho como para tenerse en pie, Donovan decidió salir a tomar un baño de luna. Sentía los rayos de la luna sobre su rostro. Hacía tiempo que no tenía tan buen humor. Desde que murió papá, si mal no recordaba. Festejó la muerte del viejo. Es verdad, esa noche se emborrachó tanto como lo estaba ahora. No es que no lo quería, si no que habían nacido en lugares equivocados. Galaxias distantes. Así es como lo pensaba. 
      Allá afuera, a la luz de la luna, Donovan tuvo una genial idea. La casa no estaba asegurada, pero a esta altura de la vida, qué mierda importaba. Solo quería verla arder. Que la luz de las llamas hagan palidecer a la luna. 
      Como era de esperarse, el viejo trasto agarró fuego enseguida. No necesito de combustible. Un par de ramas y eso fue todo el trabajo. En una hora de intenso crepitar, la casa cayó a pedazos. Una gran nube de humo volaba sobre la noche. Más debajo de las ruinas de la casa estaban los esqueletos de una docena de personas. Donovan creyó haber encontrado un cementerio debajo de la vieja casona. No sabría hasta mucho tiempo después que ese había sido el último regalo de su padre desde el más allá. Debajo de la casa los cuerpos de todos los acreedores y enemigos yacían. 

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