domingo, 28 de junio de 2015

Día 406: Vientos huracanados

      En la calma, la tempestad. Y yo que odio estos boxers que no dejan nada librado a la imaginación. El tipo que cuelga se sacude libre como un viento peneano. Es tan solo una ropa interior, me digo ¿Y todo lo demás? Este mundo es tan insoportable. Al menos en otros planetas hay huracanes con sentimientos, huracanes del tamaño de Marte. Y lo mejor, cero vida.
      Espero al cartero en esta calma tormentosa. En un supuesto debo recibir una carta documento. Hay dos posibilidades. O es una muerte trágica o es un premio inesperado. Si lo sabremos los humanos, la literatura viene robando con estos dos argumentos desde tiempos inmemoriales. Y siempre está la opción de viajar y conocer cosas. A mí tan solo me importaba la puta carta. El resto podía irse todo al reverendo carajo. Junto con mis boxers, por supuesto.
      Pero nadie espera el fin del mundo, salvo yo. Bueno, exagero. Tiendo a agrandar las cosas, es un defecto que heredé de mamá. Por otro lado pienso que eso me salvó de muchas. Hasta el más experimentado jugador cae ante una apuesta exorbitante. A veces. No digo que ocurra siempre. Pero ocurre. Y en esas instancias podés irte con una bolsa más que grande.
      La carta está ahí. Sobre la mesa. Firmé el acuse de recibo. El cartero no dijo buen día. No me importa. Las noticias dentro de la carta son más importantes que un mero formalismo. Las bueno apremia, lo otro puede esperar. ¿Pero qué lo tenía tan nervioso? ¿Serían los boxers? Si ya los había tirado a la basura. Hay una cosa curiosa sobre los boxers, también le llaman así a una raza de perros con la trompa chata, y, si usáramos un poco la imaginación, así podríamos decirle a los boxeadores. 
      Sin más que nervios abro la carta. Me tiemblan las manos. Estoy como un adolescente repleto de jugo. Si no es más que una puta carta. Nada más que eso. Son los nervios. Las primeras letras afloran. Aparece mi nombre. Y un trato auspicioso. De respeto. No hay tuteo. Es tan solo un Usted. Luego hay dos palabras. Un verbo seguido de un adjetivo. Ya saben a quién se refiere la carta. El resto de las dos palabras dice: está muerto. 

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