miércoles, 1 de julio de 2015

Día 409: El hombre del nudo Pt. 2

      Podría decirse que pagó una fortuna en psicólogos. Cada profesional de turno llegaba a conclusiones similares. Brechas en el área de la memoria por traumas familiares. Alguno que otro traía a colación lo obvio. La enfermedad de su mujer, diecinueve años en servicio. Su cerebro a esta altura debería estar frito. Y sin embargo continuaba. Empecinado a pesar del estress.
      Brown salió como cualquier mañana de su casa, luego de besar a su mujer en la frente. Y había recibido la noticia de un nuevo cadáver. Así como para acompañarlo con un café. Luego, en la escena del crimen, una reunión familiar. O al menos eso parecía. Claro, Green en la puerta.
      El hermano extraviado vuelto a encontrar. Y vuelto a perder. A decir verdad nunca entendería muy bien a qué venía la historia. Ah, sí, el tipo de los nudos. Ahora el regalo era de color rojo. No era muy difícil sumar dos y dos. Cuatro es el asesino serial. O así decían las películas.
      El pueblo apacible en donde Brown habitaba nunca conoció a un asesino serial. De hecho la provincia tampoco los conocía. Incluso el país de Brown carecía de personalidades con dotes de asesino serial. Vivía en un mundo demasiado tranquilo como para preocuparse por cosas de película. Claro, después estaban los robos y los hechos violentos diarios. Pequeñeces.
      No debía sorprenderse. El ascendente de Green marcaba la rareza de sus últimos meses, signados por la felicidad, las horas de psicólogo y el olvido. Luego de intercambiar algunas opiniones con el perito, Brown se acercó a su hermano y le dio un torpe abrazo. ¿Qué lo traía por acá? preguntó.
      Al parecer Green pasó por el departamento de policía en donde trabajaba Brown y lo habían mandado para acá. Mis compañeros rezuman simpatía, mascullaba Brown para sus adentros. Esa fea costumbre de decir siempre en donde me encuentro. A veces me gustaría perderme y que no me vuelvan a encontrar. Si, también esa clase de pensamientos pasaba por la cabeza del detective cansado.
      Traigo noticias... malas, dijo Green. Papá está muerto. Papá. Esa extraña palabra. Asociar hijo y Brown. Hijo. Papá. No. Ser inmortal tiene esas cosas. Los olvidos son aún más notorios luego de vivir miles de años. Green, tan inmortal como su hermano, sí recordaba a su padre, por cierto, otro inmortal. Así que alegrate, hermano, no son tan malas noticias, quiere decir que hay un remedio para nuestra enfermedad.
      Brown suspiró. Volteó la mirada para cerciorarse que el cadáver con nudos rojos siguiera en su lugar. Ahí estaba, no se había ido a ningún lado. Todo es verdad. Eso quiere decir que: A) Tengo un hermano, B) Tengo un padre que desconozco y C) Soy de hecho inmortal.
No se ha preocupado demasiado por nosotros, ¿no? dijo Brown en voz baja. Papá estaba loco, hermano, respondió Green. Más loco que nosotros. Tenía miles de años más sobre la espalda. Es entendible. A veces me pregunto cómo es que lo soportó. Tenemos suerte. Dejó un testamento. Al parecer hay una herencia y tenemos todos los números. Armá las maletas que dentro de unos días nos vamos de viaje. 


Continuará...

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