viernes, 3 de julio de 2015

Día 411: El hombre del nudo Pt. 4

      Green observaba la caja con incredulidad. Es un puñado de basura hippie. Al viejo se le subió la coca en esos viajes por América del sur. Eso debe ser. Una suposición, ya que tanto Green como su hermano, Brown, no habían conocido nunca a su padre en persona. 
      Durante el viaje a Europa Green le contó a Brown lo poco que sabía respecto a ese hombre conocido como El extranjero, la persona que había dejado su simiente en la madre de ambos, antes de darse a la fuga del reconocimiento paterno. 

      Se enteró de su existencia hace apenas 300 años, por una casualidad. Green, atraído por la leyenda del Conde de Saint Germain, sin querer terminó dando con su padre. Lo del Conde era todo un engaño. Una escenificación, diría luego Red, aquel viajero desconocido, también inmortal. 
      Todo esto lo olvidé años después. Es el mal del inmortal, olvidarlo todo, vivirlo de nuevo. Así fue para Green. Lo mismo para Brown. Y claro, igual para su padre. Salvo que 120 años después volvió a saber de él. Y así cada tanto, sea a través de cartas, como lo fue en un principio, hasta llegar a las llamadas de teléfono y el último mail de Red con vida.
      Nunca compartieron grandes aficiones, salvo el hecho de ser inmortales, esa enfermedad de los años. Una vez Green le preguntó a su padre qué se siente ser tan viejo, a lo que el viajero desconocido respondió: "es como el Alzheimer o la peor de las pestes, si pudieran trabajar en horas extras. Construyen un edificio interminable de la enfermedad, hijo. Eso es ser tan viejo. No tengo sangre. No tengo cerebro. Ni pensamientos. Solo cenizas que no la dejan ser."
      De algún modo Green se las rebuscó para seguir en contacto con su padre, a pesar de los lapsus en su memoria. Así fue como se enteró de la existencia de Brown. Encontrarlo fue otra tarea. Nadie prepara a un inmortal para encontrar a otro par. Fue todo una gran casualidad, dijo Green. Podría haber pasado el resto de la eternidad buscándote, dijo antes de que aterrizara el avión.
      Y aquí estaban, junto a una vieja caja repleta de polvo. Junto a ella había una carta que decía lo siguiente: "Hijos, aquí les dejo mis recuerdos. Lo que ven junto a esta carta se llama quipu. Es un sistema de nudos usado por los incas. Ustedes van a saberle dar utilidad. Quizás tanto como yo. Descubrí una solución a nuestra dolencia. Dejo este quipu con la esperanza de que ustedes resuelvan el acertijo, tal como yo lo descubrí". Green quedó sin palabras. Estaba tan perdido respecto a su padre como al inicio. Brown tampoco dijo demasiado, aunque una palabra se dibujaba en su boca: nudos.


Continuará...

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