sábado, 4 de julio de 2015

Día 412: El hombre del nudo Pt. 5

      Brown sintió un deseo incontrolable de llamar a Julieta. El Océano Pacífico de por medio separaba sus almas. Tenía tantas cosas para contarle. Sobre todo acerca de esta nueva faceta de su personalidad, la del viajero inesperado.
      Con un caso tan importante como el del asesino de los nudos, el departamento de policía no se tomó muy a bien el pedido de licencia de Brown. El detective alegó que tenía un problema mental acentuado por el trabajo, lo cual era cierto y que por eso necesitaba salir de vacaciones cuanto antes con su mujer, lo cual no es ni de cerca cierto.
      En lugar de eso, Brown abordó un avión con su hermano rumbo a Europa, Rumania para ser precisos. Allí se encontrarían con un notario que fue el encargado de hacer entrega las heredades de su padre. Contrarios a los anhelos de una mente avara, el viejo Red había legado a sus hijos una maraña de nudos de colores o, como lo llamaban en el antiguo Perú, un quipu.
      El quipu no venía solo. Una nota lo acompañaba. Lejos de presentar una solución, la carta era el principio de un nuevo enigma.
      Julieta se tomaría a mal estas noticias, es seguro. No le gustó demasiado este juego del misterio y la ausencia repentina por una semana. Menos cuando se entere que pasaría otra semana en Perú. De ahí, las pistas lo conducirían a Estados Unidos.
      En la Universidad de California en Santa Bárbara conocieron a un viejo antropólogo. El hombre resultó ser un experto en culturas precolombinas. Les explicó todo lo que sabía acerca de los quipus. Green se sobresaltó al saber que cada nudo tenía un significado en concreto. Marrón el Gobierno, Rojo el Guerrero, Verde la Conquista. Sus apellidos en inglés. Los colores. ¿Qué relación tendría su familia con el quipu?
      El antropólogo les mencionó la teoría que asocia al quipu con un sistema primigenio de escritura. Pero eso son hipótesis, no hay nada comprobado, agregó el hombre. Grande fue su sorpresa al tomar entre sus manos el quipu de los hijos de Red. De acuerdo a sus cálculos, hechos a ojo, claro, este quipu no debe tener más de cien años. Es de manufactura reciente, sonrió el antropólogo.
      Brown y Green intercambiaron miradas. Ambos pensaban en lo mismo. El viejo. Algo debía decir el quipu, un mensaje. ¡Eso es! pensó Brown.
      La cura para la inmortalidad. El quipu lleva la cura para la inmortalidad, dijo Brown, solemne, cuando ya habían abandonado en edificio de la Universidad. Tendrían que descifrar el quipu, el viejo juego que Brown desempeñaba hace años. Jugar a ser detectives.
      El sonido del celular sacó de la ensoñación en que estaban sumergidos ambos hermanos. Llamada para Brown. Un hombre desconocido al teléfono. Green observó como el rostro de su hermano se convertía. Las noticias venían de Europa. Y por cierto, no eran buenas noticias. 


Continuará...

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