jueves, 9 de julio de 2015

Día 417: Danza con gusanos

       El gusano bailaría toda la noche, hasta bien entrada la mañana. El síndrome del baile eterno, así es el diagnóstico. Por suerte es una enfermedad que solo les ocurre a los gusanos. Si un ser humano estuviera sometido a un movimiento tan frenético, de seguro sus articulaciones terminarían en la luna.
       Los gusanos son, al igual que los seres humanos, animales solitarios. Prescinden de la compañía, a no ser que la necesiten. Y cuando bailan hasta el amanecer, prefieren estar más solos. La muerte la prefieren, en cambio, acompañados. Suelen morir de a miles. En cumplimiento del deber, como le dicen.
       Solitario baila. Le hace un movimiento sugerente. Casi sexual, si es que algo semejante se le permite a un gusano. Y no es que busque una gusana. Todos los gusanos son iguales. O parecidos. Salvo este espécimen. Baila y baila, porque no sabe otra cosa que hacer. Le han brotado unos apéndices extraños. Son como unos pies poco desarrollados. Ahora se siente más solo todavía. E incluso más feliz. Al gusano la soledad lo hace feliz.
       En el reborde de su esperanza de vida el gusano baila. Porque a decir verdad poco le importa el futuro de lo que vendrá. Tiene una enfermedad que le deja los días contados y se llama vida. Porque en la repartición de años vivibles al gusano le dejaron pocos. El señor de las reparticiones se quedó muy corto. En cambio al elefante le dio mucho.
       Este gusano, como dijimos, es diferente. Tiene la fiebre del baile. Hará un baile eterno sobre el cadáver de un animal, del cual se alimenta. La danza caníbal. El destierro de esta vida. Porque este gusano vivirá más que sus compañeros. Marcará un estándar de supervivencia. Un hito en la evolución de su especie. Una nueva raza de gusanos bailadores comecadáveres. Más resistentes que la misma mierda. Un aplauso para el Creador.

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