lunes, 13 de julio de 2015

Día 421: Nudo gordiano

      Un tono cobrizo asomaba por su cara. El sol hacía su trabajo. Él también. La tumba no se iba a cavar sola. Empezó a eso de las 8 y ya se acercaba el mediodía. Un par de paladas más. Ahora falta el muerto. Tenía que haber pensado antes en ese detalle. Las tumbas sin muertos son solo agujeros profundos en la tierra.
      Un fajo de dinero. Un mensaje. Matá a alguien. ¿Pero a quién? Alguien. Los instigadores no eran muy específicos. Ellos tenían el poder. Como He-Man. Más vale no contradecir a un mafioso. Ellos querían un muerto. Les daría un muerto.
      El viejo cuidador del cementerio. Fue cosa fácil. Un piedrazo en la cabeza y ese fue el fin de la historia. Lo enterró con mucha meticulosidad, como para que el muerto no se escape. Luego volvió a su casa para recibir nuevas instrucciones.
      Con los mafiosos no podía joder. Si tenían atrapados a su familia. Ellos no iban a tener problema alguno en enviarles la cabeza de su hijo hipoacúsico en una bolsa de consorcio, si así lo quisieran. Y fueron rápidos con su mensaje. Luego de enterrar al viejo del cementerio una nota lo esperaba en la puerta de su casa. Estaba clavada con chinches. Decía: "Ese no. Pd: Buscá otro".
      Así los otros se sucedieron. Siempre necesitaban un otro. La mafia no jode. ¿Cuántos otros tendrían que pasar? A ese ritmo lo encerraría por tres vidas seguidas por asesino mega serial. La cosa era muy seria. No incurriría en otro crimen más. Antes que se lo lleve el diablo.
      No. Fue la respuesta al "ese no". La dejó en su puerta, clavada con una chinche roja. Dos días después, otra nota clavada en la puerta. ¿Por qué no? Porque no. Las notas telegráficas se sucedieron por un período de meses.. La mafia no jode pero, ¿tanto les costaba agarrar un teléfono o mandarle un mensaje de texto?  
      Y se manejaron a la antigua. Con los las notas yendo y viniendo. Hasta que se cansaron. Le devolvieron a su familia. Y se metieron en su casa. Eran cinco matones en total, y una persona que decía ser el jefe de todo. Le dijo: "Quiero que mate a ese tipo" mientras señalaba al televisor. No lo podía creer. El tipo ese, el de la tele, es muy importante. No llegaría tan fácil a matarlo. Además, ahora tenía a su familia, lo cuál era increíble, ¿Quién lo obligaba a eso? Nosotros, dijo el jefe. Además, podemos llevárnosla de vuelta.
      Y podemos volver a escribirnos notas. El jefe de la mafia no estaba muy bien de la cabeza. Se le deben haber subido los años a la cabeza. Le explicó que todo había sido un error. Se confundió de casa. Puede dejarme a mi familia. Gracias. Y el hombre, ya viejo, le creyó. La mafia no jode, pero cuando está senil, es un asunto de broma. El viejo mafioso se disculpó. Salió por donde entró y dejó una nota pegada en la puerta. 

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