sábado, 18 de julio de 2015

Día 426: Remembranzas de Jack el destripador

      En una mañana londinense Jack salió a matar criaturas de Dios. De acuerdo a su cabeza, aquellas muchachas formaban parte de una decadente red de mensajes acerca de nuestra humanidad. Mensajes cifrados. Códigos. El nombre de Dios. Y cosas así. A Jack nunca lo detuvieron. Aunque sí estuvo a punto de perder la cabeza muchas veces. Unos años después, cuando dejó de asesinar personas, emigró a México en busca de mejor suerte.
      Allá lo mataron como a un perro. Fue víctima de una intriga política. Perdió la cabeza el mismo día que mataron a Trotsky, camarada de su partido. Por ese entonces Jack bordeaba los noventa años de vida. Cuando Ramón Mercader irrumpió en Casa Azul lo confundió con un mayordomo, quizás un abuelo. Con ese mismo piolet clavado en el estómago de Jack asesinaría después Mercader a León Trotsky, luego de clavarlo sin compasión en su cabeza, una y otra vez, hasta que el cráneo expulsó todo su contenido. Lo enterraron junto a otras personas, en una tumba comunitaria sin nombre. Esa fue la vida del asesino más famoso del siglo XIX.
      Dicen que su esqueleto ya hecho polvo fluyó por el río Magdalena hasta desaparecer por completo Jack conoció demasiados secretos para su época. No solo fue un excelso conocedor de la anatomía humana. También trabó contacto con otras civilizaciones, milenarias, que estuvieron y están en control de todo el planeta.
      Se hacían llamar los moradores y su hogar quedaba a millones de años luz de nuestra galaxia. Quedaron varados en la Tierra por un desperfecto técnico. Tenían que esperar un repuesto para su nave. Para amenizar la espera usaron el tiempo que les quedaba para conquistar la civilización humana. Solo por divertimento. 
      No les resultaría difícil, dado que a humanidad se hallaba en un estadio muy rudimentario de comunicación a través de la lectoescritura. Todavía no habían dominado las técnicas omnidimensionales de los sentidos.
      Así que los moradores jugaron a ser dioses por unos cuantos siglos. Fueron ellos los que contactaron a Jack y delinearon sus acciones. El premio a cambio era jugoso. Acceso total al conocimiento y vida perpendicular al espacio-tiempo, aquello que los humanos llamaban de modo vulgar inmortalidad. Y sin embargo los extraterrestres fueron reticentes al final. Salvaron al asesino de la cárcel. Extendieron su vida hasta donde pudieron. Y de la muerte no volvió, aunque trató. 

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