viernes, 24 de julio de 2015

Día 432: Gran hermano

      En una escala del 1 al 10 ¿qué tan cagada estaba la situación? Podría rememorarlo todo, pero no daría con la respuesta. 6.75, ese sería el índice de cagadez. El agua correría debajo del puente, luego por arriba y al final la corriente lo echaría abajo. Así de cagada estaba la situación.
      Los chinos no tardarán en venir. Tienen esos super tanques de guerra. Nos van a aplastar como mosquitos. A nosotros, los soldados de la revolución. ¿Cuál es el precio de la libertad? ¿2.50? ¿3? ¿Quién da mas? Si, por supuesto, su fidelidad a la causa tenía valor, sobre todo monetario. 
      A esta altura del combate no eran más que mercenarios subcontratados entre dos fuegos enemigos. O, como le gustaba decir al general Rodgers, un puñado de hormigas juntando hojitas dentro de una estampida de elefantes. La misión tenía que llevarse a cabo de modo sutil, si la bomba hubiese explotado a tiempo, la compañía D ya estaría tomando frío en Siberia. O más lejos, quién sabe. 
      En cambio los detuvieron en Luoyáng. Colocaron a los treinta reos de Rodgers dentro de un sótano húmedo de cuatro por cuatro. Y ahí penaron por meses, a la espera de una sentencia, en lo posible de muerte. Allá arriba pasaban cosas, pero ellos desconocían la realidad que les rodeaba.
      Y los ruidos allá afuera eran similares. Detonaciones de granadas fragmentadas, ráfagas de ametralladoras, el estruendo de las bazookas, y algún que otro coctel molotov que estallaba contra los vidrios de los edificios. Todos los sonidos familiar de la guerra entre los gringos y los chinos. Aunque el conflicto había dejado de ser familiar. Nada del conocimiento de la compañía del general Rodgers. 
      Luego de cinco meses el alimento dejó de bajar. Sin lugar a duda habrían muerto de no percatarse que la puerta se encontraba sin cerrojo. El complejo en donde se encontraban se quedó vacío. Es como si los guardias se hubieran esfumado. Cada tanto una explosión distante los devolvía a la realidad. ¿A cuál realidad? ¿Qué se encontrarían del otro lado de la puerta?    
      No es agradable la respuesta. Una civilización de afuera aprovechó el conflicto bélico entre dos superpotencias para iniciar su propia guerra. Con civilización de afuera nos referimos a afuera del planeta. Extraterrestres. Alienígenas. Como sea que se llamen. Y les fue más que bien. Mucho mejor que a los chinos y los norteamericanos. 
      En poco tiempo conquistaron las áreas más populosas de la Tierra y subyugaron a sus habitantes. El resto del planeta era papa caliente prendida fuego. Luchas armadas se sucedieron. De las más pequeñas a las más cinematográficas. Mientras tanto, el coronel Rodgers y su compañía descansaban cómodos en su sótano húmedo, aislados de la realidad.
      Arrojados a las cenizas de un nuevo mundo el pequeño grupo de mercenario sobrevivió los primeros días por uno de los tantos azares de la vida. Dieron con una pequeña base militar en Quingdao, aun en pie de resistencia. De acuerdo a los contactos al otro lado del océano, la lucha a nivel mundial aun era encarnizada. Las bajas alienígenas se multiplicaban día a día. El coronel Rodgers asintió con una sonrisa al escuchar las buenas nuevas. Ofreció su mano de obra cualificada. Y así la rueda de la fortuna giró otra vez.

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