domingo, 26 de julio de 2015

Día 434: Apocalipsis

      Vayan, cobardes, corran. Huyan despavoridos. Díganles que yo estuve acá. ¿Escucharon? Yo. Si, yo. Nadie más que yo. El mismo yo. Nadie más. Me meo sobre la cerca de sus convenciones. Soy como todo lo malo que quieren que sea, si me dejan. Si, por favor, se los pido, déjenme así ser todo malo. Así tiene un gordito a quién meterle un palo en el culo. 
      Acúsenme de estúpido y sodomita, soberano y esperpento. Denme las vacaciones. Jubílenme. Mátenme. Quiero que me claven el tiro en la nuca. Ese. El de gracia. Quiero que descarguen sobre mi cuerpo su furia nazi acumulada. Sus fantasías de Hitler, mientras se revuelcan en la cama en una furiosa paja. 
      El culo mojado de sangre. Semen en la garganta. Acaben, pelotón, acaben. Se acabó la historia. Es el fin de los tiempos. Sálvese quien pueda. Huyan. Vayan. No se detengan. No miren hacia atrás. Cuidado con las piedras. Cuidado con los putos. Cuidado con los hijos de puta. Cuidado con los políticos. Cuidado con las promesas. Cuidado con los ilusionistas. Cuidado con los mensajeros. Cuidado con los periodistas. Cuidado con las personas. Cuidado con yo. 
      Yo. Soy yo. Nadie más. El del palo en el culo. Ese palo en el culo que me gusta. Que lo claven duro. Una y otra vez. Cuidado. Un paso atrás. Ni uno más. Declará en la aduana de Idiotalandia. Te dan visa gratis. Seremos indocumentados con gusto. Con placer. Comeremos la caca de nuestras tradiciones. Daremos nacimiento a ese país inconmensurable. Un nuevo gigante. Huyan. Huyan de mí, el gigante de esperma recargado. 
      Mi madre me llama Leviatán. Mi padre dice lo que somos. Somos Legión. Uno. Muchos. Nada. Yo. Un estúpido pronombre. La gripe de la verdad. Kevorkian. Eso que te desconecta a cada segundo. Solo un llamado. Uno. El permitido. No hagas del dos. No hagas del dos. El palo está ahí. Clavado. Recordatorio de otros tiempos. El fin de los tiempos. 

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