sábado, 1 de agosto de 2015

Día 440: Parábola

      Edito. Punto. Rubrico. Punto. Repito. Punto. Me ofrecieron un café en el corte. Tengo que hablar con la gente de producción. Cinco minutos tarde. Imperdonable para una entrevista. Se piensan que los rótulos de estrella los venden en la esquina. Muy difícil que este canalucho de cuarta consiga otra oportunidad con un artista de mi pedigree.
      Soy un buscapolo. Un iniciador de tendencias. Mucho se habló de mi pasado. Hoy vengo a aclararlo todo. Mi relación con las drogas, las prostitutas y la política corrupta de este país. Cuando era joven conocí a Nixon, ¿saben? Fue antes del Watergate. Era un tipo apuesto, a pesar de su mal aliento. Yo estaba de gira en Estados Unidos. El tipo vino a uno de mis shows de incógnito y pidió conocerme. ¿Cómo iba a negarme?
      Todavía en esa época tenía una figura para la envidia. Las revistas me ponían a la altura de Marilyn, háganse una idea. Después volví al país, laureada por mis logros. Tuve familia con el padre de mis hijos que conocí en el norte. En los ochenta nos divorciamos. Fue todo un escándalo para la época. También la gallina de los huevos de oro empezaba a quedarse estéril. Vivimos muchos años de renta con mis tres chicos, gracias a la cuota alimenticia. Yo no conseguía trabajo. La indigencia nos pasaba rozando.
      Después los chicos crecieron y las cosas se me hicieron más fáciles. Me acercaba a los sesenta, pero nadie me daba más de cuarenta y cinco. Así de bien me mantenía. Los hombres todavía se me acercaban. Mandé a freír churros a unos cuantos. Para que se hagan una idea. Después encontré trabajo. Pero de los comunes. Hacía un poco de historiadora de la farándula. A la gente le gusta regodearse de los muertos. Eso es así en cualquier sociedad.
      Les voy a contar algo curioso. Un poco de maquillaje por acá, por favor. Hace unos diez años volví a ponerme de novio con mi ex marido. Curioso, ¿no?. Nos volvimos a enamorar. Y esta vez creo que va a funcionar. No siempre ocurre. Vivimos en casas separadas. Pero la cosa funciona. Así que para qué tentar a la mala fortuna. 
      Accedo a estas entrevistas porque aún tengo que pagar mis cuentas. Sé que no debería, por mi salud. No se olviden que soy una señora cercana a los ochenta años. Tengo que conservar mi dignidad en la pantalla. Aún me dan menos. Soy coqueta. Me cuido. Como bien. Y cada tanto salgo a caminar, cuando me lo permiten las articulaciones.
      No me quejo de la vida. Puedo tener mis reproches hacia los intermedios. Esos espacios en blanco que cada tanto ocurren. Por eso es que pienso desde entonces mucho mis palabras. Edito. Punto. Rubrico. Punto. Repito. Punto.

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