sábado, 8 de agosto de 2015

Día 447: Matrimonio por conveniencia

      Apretó el embrague casi hasta destripar el auto. Necesitaba acelerar con ímpetu, para eso había comprado esa porquería con ruedas. La respuesta del vehículo fue un ruido feroz, como si un gato fuese procesado dentro del motor hasta hacerse carne picada de primera.
      Abrió el capot y observó el motor con aire pensativo, sus ojos trataban de descifrar un antiguo jeroglífico o algo así. No entendía de mecánica un soto, ¿para qué mentir? No necesitó mirar mucho, ahí estaba el mal. La cola de un gato triturado asomaba la cola entre los piñones que sostenían la correa de distribución.
      El mecánico que atendió al muerto le sonrió al hombre. Tenía un cigarrillo en la boca y exudaba grasa negra por todos sus poros. Tiene suerte, dijo, ese gato pudo haberlo matado, ¿no es un gato cualquiera sabe? 
      ¿Ah, no? respondió el hombre con voz casi inaudible. Claro, hombre, es un gato vampiro. Pudo haberlo matado. Los bichos se le cuelgan de las pelotas y no te sueltan hasta que el escroto cuelga por el piso. Y sabe qué, no lo mató.
      Los restos del gato achurado asomaban desde el motor del Volkswagen. Hacía un ruido feo, un miau diabólico, eso era. A la bestia poseída le colgaban unas alitas. El mecánico tomó una escopeta que tenía cerca de su banco de trabajo y le voló la cabeza.
      Tiene suerte, hombre, en mi tiempo libre me dedico a cazar gatos vampiros, dijo el mecánico luego de arrojar el filtro del cigarrillo junto a los restos de la cabeza del animal degollado. 
      El motor no tiene nada. Un poco de limpieza y listo. Hombre, quiero hacerle una propuesta, muy importante. Necesito un sí por respuesta.
      El dueño del Volkswagen quedó atónito. Ese mecánico le propuso matrimonio. Ahí nomás, en seco, entre los restos de un gato vampiro destripado. No, señor, disculpe, es una propuesta laboral, un matrimonio de trabajo, sin sexo, aclaró el mecánico mientras escupía al piso un moco verde.
      Por si fuera poco le dijo que sí. El matrimonio por conveniencia entre el tipo y su mecánico salió a las rutas a exterminar gatos vampiros. Y también koalas vampiros y toda clase de cruza entre animal y vampiro que se imaginaran. Tres veces estuvieron a punto de encerrarlos en un manicomio. Diez veces pasaron la noche en la cárcel, y escaparon por un pelo de una cadena perpetua. Aún así, tuvieron un matrimonio exitoso, sin sexo, claro. Eran la pareja más convencional del mundo. El mecánico servía el café y el hombre hacía tostadas con manteca. Y no lo hacían por dinero, cazar les redituaba el alma. En sus tiempos libres arreglaron miles de auto. Así hasta que la muerte los separó. 

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