domingo, 9 de agosto de 2015

Día 448: Siete visiones

      Podés decirlo, que estás perdido en un universo de mil laberintos. Nadie te lo va a callar. Es una sensación como de vos, viste. Como la madre justicia empolla sus huevos. Lo justo y necesitario. Hasta que se rompe el cascarón y los pequeños Pio-pio contaminan la superficie con sus pio pio:

      1) Ahí va el tarado de folletín con el argumento entre las piernas. Busca que no se le caiga, como la aspirina. Método antitusivo. La realidad se le escapa por los ojos. Escupe, vomita los arco iris, es feliz y no sabe cómo. El tarado de folletín. 
      2) También los circos tienen sus sombras. Se extienden los camarines de la memoria, eterno. Bullen de historias, precoces, anodinas. Se desnudan los fantasmas y montan una opereta para el soldado desconocido. La guerra empieza. Un cigarrillo se fuma a una persona. 
      3) En el rincón más exiguo de la Tierra el escritor hace lo que sabe. Escribe sin parar. Su cuento de mil laberintos intrincados en mil universos se hace semilla y se esparce por las galaxias de átomos. Hay algo que se llama amor, y lo sabe, lo toca, lo presiente.
      4) Una roca se apoya sobre el techo de un edificio. Quiere entregarse a la gravedad, y caer, caer, sin parar. Hasta hacer un bollo en el piso. Atravesará la corteza terrestre y saldrá a China. Túnel de tiempo. Un haz de locura temporaria. Esa piedra que golpea a la vieja y muere inerte. 
      5) Un maremoto de puteadas llueve sobre el espectador. Traga su dosis diaria de mentiras. Conectado a la fábrica de hacer soretes. Una diálisis de orina para seguir vivo. Anestesia local. Y nacional. Noticias a las siete. Último momento. Estrelló la cordura contra el pavimento. Ampliaremos. 
      6) Yo camino desprevenido. Oigo las voces. Están ahí. Me ordenan que haga cosas. Cosas. Me retumban palabras de un orden establecido. Primigenio. Rayos de verdades por doquier. ¿Dónde me encontraré? ¿Hay un abismo allá debajo? Caminar. Seguir aunque las ganas me detengan. Seguir siguiendo.
      7) Un engolosinado Dios maneja borracho. Ahorra multas para un tiempo mejor. Se divierte más que sus creaciones. Lo llamaron de muchas formas y eso le agrada. Le revienta el ego como un grano lleno de pus. Su nombre es Universo y sus laberintos miles.

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