lunes, 10 de agosto de 2015

Día 449: Viaje al centro de la luna

      Dicen que en el futuro, muchos años después de que mucho de los que leen esto han muerto, un fenómeno ocurre en la Tierra antes de ser detectado por la cúpula científica del planeta. A simple vista los efectos podrían tomarse por un aumento desmesurado de la gravedad. O quizás es un descalabre de las fuerzas magnéticas.
      Los más acertado sería apuntarle a esas partículas invisibles que pululan por el universo, cosas como la materia oscura o, quien sabe, la vajilla perdida de Bertrand Russell. Más acertado aún sería decir que algo empezó a fallar, y el que pagó el precio más caro de todos fue nuestro querido planeta. Nuestro querido y habitado planeta.
      En primer lugar los seres humanos. Todos más enanos. Grandes babosas antropomorfas empezaron a circular por el piso, arrasadas por el gran peso de sus cuerpos. Y después el resto de las cosas, los animales, los sillones, los zapatos ortopédicos, las paredes, todo al suelo. 
      Agujeros del tamaño de Kansas por doquier. Bombas que explotan solas. En resumen, un descontrol. Las autoridades reptan hacia los teléfonos, las tablets y sus computadoras para transmitir las malas nuevas. Nadie puede mirar para arriba. Nadie. Lo repito, porque es importante. El cielo pronto le va a jugar una mala pasada a la humanidad.
      La noche cae. Y los gritos de las nuevas lagartijas, o sea nosotros, no se apagan. Los seres humanos en su mayoría tienen los músculos entumecidos por el nuevo peso adquirido. Es un sufrimiento dantesco. Horrible. Una cuchara con un poco de puré de papa puede llegar a pesar como más de quinientos kilos. Para que se hagan una idea. 
      Al otro día ya hay varios muertos. Aún nadie puede levantar la cabeza. Es importante, lo repito. A los que aún les queda fuerza rezan, o putean. O tratan de que unos cuantos kilos de agua o comida les caiga sobre sus bocas. Es algo pasajero, repiten muchos. Como un corte de luz. O un embotellamiento. Ya va a volver la electricidad. Ya vamos a avanzar el auto. Cosas así. Pero no. Es permanente. Muchos morirán en esa esperanza de cambio. Y nadie puede levantar la cabeza. Nadie.
      Y una segunda noche de las raras en este futuro distante adonde todos nosotros ya estamos muertos del vamos. Se comienzan a sentir ruidos raros. Como de turbinas de avión escupiendo sus decibeles dentro de los oídos de las personas. Algo se aproxima desde el cielo. 
      ¡Es el fin del mundo, es el fin del mundo! dicen algunos con lo poco que les queda de fuerza. Y tienen razón. Lo es. Viene una nueva civilización extraterrestre a ponerle punto final a nuestra raza. Y no, no tienen razón. No pueden estar más equivocados. Es aquel viejo y amado círculo plateado. Cada vez más cerca.
      Ahí está arriba, si tan solo una persona pudiera verla. Cerca. Los cráteres cada vez más detallados. El polvo del satélite que comienza a caer sobre los océanos. Y un detalle curioso, una pequeña banderita roja, blanca y azul con puntitos blancos clavada sobre su superficie. No cabe duda, el hombre al final sí viajó a la luna. 

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