martes, 11 de agosto de 2015

Día 450: Madre sustituta

      Mi cocodrilo se perdió un domingo a la tarde. Me enteré rápido por las noticias donde estaba malnacido. Para ese entonces ya se había comido a cinco tipos y dos perros. Creo que también lastimó feo a un bebé.
      Lejos de darme una reprimenda acerca de los peligros de criar un reptil tan grande y malicioso me mandaron derecho a la cárcel. Me encerraron como el peor de los criminales. Mis compañeros de celda, que no sabían nada de mi historia, pensaban que me había violado a una ciudad entera. Cosas que inventan los presos con tanto tiempo libre.
      Se imaginarán que esa historia espuria circuló por los pasillos. En menos de lo que caga un gallo tenía a mi alrededor a cientos de personas interesadas en destapar partes ocultas de mi cuerpo, como buenos plomeros de oficio que eran. Me escurrí bastante y me porté muy bien. Así evité que mi parte trasera debutara en las artes oscuras y además reducieron mi condena.
      Salí de la cárcel seis meses después, con la condición de que tenía que portarme re contra bien y, por supuesto, no tener acceso a ningún animal con los colmillos demasiado afilados. Esa fue la parte más difícil, con lo que a mí me gustan las mascotas.
      Gracias a un amigo conseguí una yarará y una boa constrictora. Me manejé con sumo cuidado, ya que las serpientes requieren muchas atenciones en su crecimiento. Las alimenté y las mimé tanto como pude. Hasta que otro domingo las perdí.
      No sé porqué tengo esa fea costumbre de perder cosas los domingo. Creo que tiene algo que ver con la idea de andar con la guardia baja. Me relajo demasiado y después me pasa esto. 
      Por suerte las serpientes no lastimaron a muchas personas. Los que quedaron más graves fue una pareja de viejitos que vivía en un geriátrico. Murieron al poco tiempo de una trombosis. El veneno ayudó a dar el empujoncito final.
      Como habrán de suponer, fui a parar otra vez a la prisión. De hecho, desde acá les escribo. ¿Hola, cómo andan? Yo bien. Mejor ahora que todo el mundo por acá sabe que no soy un violador olímpico. Creo que me ven como un bicho raro, porque nadie se me acerca.
      Hace poco recibí una carta de mamá. Por suerte la familia anda bien. También me envía saludos mi amigo, el de la yarará y la boa constrictora. Me mandó de su parte un paquete de galletitas.
      Menos mal que a nadie se le ocurrió comérselas, se habrían llevado un chasco tremendo. Los huevos de escorpión no son la cosa mas rica del mundo que digamos. Así que los pobrecitos sobrevivieron. 18 hermosos huevitos. Estoy contento, ya están por nacer.

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