miércoles, 12 de agosto de 2015

Día 451: El fantasma de la ópera

      Este cuento está basado en una historia irreal. Todos los personajes (o la falta de ellos) han nacido de la imaginación frondosa de quien les escribe. Hay uno, por cierto, muy real, ese soy yo, un insecto empequeñecido al tamaño de un alfiler.
      Después están los invasores. Son luces sin sombras. Un golpecito ineficaz en un grandioso sistema de jugos y poleas. Esos son los invasores. Osos polares. Ejercen un reinado sobre nosotros, los insectos. Nos comen, mancillan nuestra herencia, y cosas así. Es por que tienen a Tláloc de su parte.
      No poderían decirlo. Así, poderían. Los osos invasores poderían no decirlo. Están imposibilitados de hablar. Pertenecen al mundo del callo. Como el resto de los animales que optan por el silencio. Pero alguien decide transgredecir el orden. Así, transgredecir. El mismo insecto que soy yo. 
      Escribo estas notas desde lo profundo de mi pensamiento. Quise comunicar porque la naturaleza dice que calle. El mundo del callo al que todos pertenenecemos. Todavía no sé muy bien cómo se hace, no estaba en mis ordenativas.
      Tengo que inventar palabras, porque el mundo adonde pertenenezco es distante y acomunicativo. Vivimos en armonía, con nuestras ofrendas a Tláloc, que siempre está de parte de los osos polares. Nosotros creamos a partir de nuestra materia nuestros reflejos y a su vez agigantamos el universo hasta donde lo conocemos, y también lo que no. 
      Hay una red de caminos subterráneos que comunican a las oficinas del centro de la Tierra. Ahí es donde trabajan los gusanos burócratas. Son los encargados de establecer el orden natural del planeta. En realidad ellos son los culpables de este mundo del callo. Ellos son los que dictaminaron las ordenativas. 
      Los túneles son tan gigantes que un pobre insecto como yo se pierde. Y ni siquiera poderemos volver. Perderse es la muerte. Entonces el régimen es así. Osos polares arriba, gusanos burócratas abajo. Y en el medio nosotros. Y los seres humanos, claro. Lo mejor para lo último. 
      Esas criaturas son muy graciosas, porque se creen especiales y en realidad solo están para entretener. Un divertimento pasajero para los gusanos burócratas. Los dejaron un tiempo en la superficie para ver lo que hacen. Y se volvieron una cosa de peligro. Pero en las oficinas subterráneas tienen respuesta para todo. Allí se ordenativizó que los humanos hablaran, por considerarse una raza inferior a los fines ulteriores de la naturaleza. 
      Triangular posiciones con la Tierra-XB y utilizar el transportador de materia. Con ese solo chasquear de cilias, los gusanos burócratas ordenativizan a la raza humana. Y, así como lo hicieron con los dinosaurios unos cuantos millones de años atrás, buscan otra diversión. 

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