lunes, 17 de agosto de 2015

Día 456: La primera antiextinción

      Son como los Sea monkeys, decía la propaganda. Agregue agua y disfrute. Nunca fue más fácil tener en casa a su propio zombie deshidratado. Claro, las cosas no son un peligro. Ninguna mide más de cuarenta centímetros, y obvio, tampoco se alimentan de carne humana. Zombies de juguete, esa es la definición.
      Aunque claro, cómo en toda historia de seres humanos, siempre hay un pero. Un error en la ecuación que altera el orden de los productos y el resultado de la fórmula. Errores de laboratorio, que le dicen. Un científico agrega una pizca de algo de más y salen resultados inesperados. Resultados que son empaquetados junto al resto de los zombies de juguete, listos para despachar a todas las tiendas del país.
      Así fue como los zombies verdaderos inundaron las calles. Éstos sí comían carne humana. Aun eran un poco diferente a lo que se mostraba en las películas. A estos zombies les gustaba leer, también tenían una predilección por las obras de Bach y Chopin. Algunos zombies fueron avistados en una carnicería humana mientras pintaban cuadros cubistas de la situación. Zombies con sensibilidad artística. Así se los llamó.
      Y eran muy inteligentes, por cierto. Demasiado inteligentes, quizás. Más que la media de la raza humana. Un zombie de esta nueva camada podía resolver una ecuación de tercer grado en cuestión de segundos. También demostraron una facilidad asombrosa para componer melodías atonales en sistema dodecafónico.
      Decidieron intervenir, porque vieron que la cultura del mundo estaba demasiado podrida. Colmaron las calles, porque estos zombies sí sabían cómo reproducirse. No es que necesitaran morder o comerse al otro, cosas que hicieron. No. Lo hicieron a la vieja escuela. Un sexo puro y brutal. Y esperaron sus nueve meses. Y así en lo sucesivo.
      Unos años después, el ejército de zombies se multiplicó. Sus intentos por elevar a la población fueron fallidos. La Tierra se hundía, a su pesar, en una espiral autodestructiva, y no necesitaban zombies para ello, con los seres humanos solitos bastaba.
      Los zombies, a pesar de comerse a unos cuantos humanos, tenían una gran simpatía por la raza, y trataron de salvarla. Les enseñaron los peligros del efecto invernadero y los riesgos detrás de la caza indiscriminada de animales. Así con otras tantas cosas. Pero los humanos no escuchaban por que tenían miedo a que se los comieran. Es lógico, hay que darles el beneficio de la duda.
      En un último intento por salvar a la humanidad, los zombies ejecutaron un golpe de estado, y en la mejor tradición de los antiguos tiranos griegos, gobernaron la Tierra. Y lo hicieron por muchos años. Muy bien, por cierto. Claro, tuvieron que ser sacrificada muchas personas en pos del bien de la humanidad, pero a la larga fue lo mejor. Por primera vez, la Tierra evitó la extinción.

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