martes, 25 de agosto de 2015

Día 464: Premio a la trayectoria

      En el año 2027 se produjo un hecho histórico para la ciencia. Gracias a años de investigación conjunta entre la NASA y la Agencia espacial federal rusa pudo ser lanzado al espacio la primer cápsula del proyecto Diógenes.
      El proyecto Diógenes partía de una singular premisa. Un científico ruso fue el proveedor del sujeto de laboratorio, un prominente garzo, pollo o escupitajo, como se guste llamar. El garzo sería enviado al espacio en cuestión, y se investigaría su interacción con el espacio. La misión duraría unos veinte años y los aportes a la comunidad científica serían de gran valor en los avances contra la flema.
      La cápsula del proyecto Diógenes tenía pocos componentes. Un envase aislante para resguardar la escupida. Un pequeño satélite que rastrearía y fotografiaría el trayecto que marca el garzo en el espacio. Un garzo de repuesto. Un módem para enviar información. De acuerdo a las declaraciones de la NASA, el proyecto Diógenes contó con un presupuesto de 1.500 millones de dólares. Estiman que esos números pueden duplicar o triplicar su costo en el transcurrir de los años.
      A los pocos minutos de soltar la cápsula, una explosión causada por la pérdida de vacío destrozó todos los aparatos de comunicación, o sea, el módem. Así fue como se perdieron más de 1500 millones de dólares y otros tantos años de investigación. El proyecto Diógenes nunca volvió a ser mencionado en los pasillos de la NASA o de la Agencia espacial federal rusa.
      Lejos de quedar destruido, el pollo fue expulsado a una gran velocidad gracias a la explosión y en poco tiempo adquirió estado gaseoso. Se formó una pequeña nube que fue atraída por la gravedad de Marte. Ese empujoncito le ayudó a saltar el cinturón de asteroides y entrar en la órbita de Júpiter. Para ese entonces ya había recuperado su forma líquida. De a poco se solidificaba. Pronto sería ascendido a pequeño asteroide.
      El hielo que flotaba alrededor de Saturno se adhirió al escupitajo, lo cual incrementó su dimensión en bastantes metros más de diámetro.
      Cuando el escupitajo había abandonado el sistema solar, su tamaño se aproximaba al de Fobos, el satélite de Marte. Mientras tanto, en la Tierra ya se terminaba el año 2041. Una nueva guerra asolaba el planeta. ¿Qué equipo de fútbol se quedaría con el delantero prodigio más joven del mundo? La NASA, mientras tanto, se declaró en quiebra. Estados Unidos vendió transbordadores de la NASA a precios de locos por la Supranet.
      En el año 2045 se produjo un singular evento a nuestro olvidado escupitajo. Gracias a su paso por la Nube de Oort, había sido ascendido a cometa-asteroide-mortal. Con el ascenso le fue otorgado una órbita a lo largo del sistema solar, una mayor dimensión y sobre todo, una hermosa cola que se descubriría al acercarse al sol.
      Claro que nada de eso ocurrió. El antiguo garzo devenido en cometa-asteroide-mortal desvió su trayectoria y fue a parar de lleno a la Tierra. Pasó en el año 2062. Su tamaño era casi el de la Tierra. Dicen los que estuvieron ahí que la noche cayó de pronto. Por suerte murieron pocas personas. La Tierra se había cedido en parte de venta a los Nebulianos de la gran nube de Magallanes. Gracias a esa movida, los terrestres obtuvieron un planeta virgen en condiciones habitables a unos 150 años luz del sol. Los Nebulianos, a su vez ofrecieron el transporte necesario para movilizar a los 6.000 millones de habitantes que por ese entonces pululaban por la Tierra. Cuando cayeron los restos del proyecto Diógenes sobre la Tierra, las casas estaban desiertas, al igual que los caminos y los Sex shops. El garzo cometa-asteroide-mortal rebanó al planeta en dos como si fuese una naranja. La onda expansiva de la explosión hizo pedazos la luna y gran parte de Venus. La naturaleza tuvo que esmerarse unos cuantos millones de años para formar una nueva super Tierra de los restos de semejante desastre.

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