jueves, 27 de agosto de 2015

Día 466: Remembranzas de un filósofo

      A decir verdad nunca iba a escribir un tratado de gnoseología. De hecho lo más cerca que había estado de la filosofía fue una vez que viajó a la ciudad y vio a lo lejos un edificio con esas columnas griegas. Ahí es donde charlaban antes los filósofos. Pensó. Y esa fueron todas sus ideas del momento. Y, por más curioso que parezca, esta persona tenía su destino escrito en la bóveda celeste.
      Nadie le advirtió que pronto iba a convertirse en uno de los mayores filósofos del siglo XXI. No se lo veían venir, sus ideas dejarían a Platón hecho un nene que se caga en los pantalones. Así de importante sería esta persona que se hizo llamar Caokratos. En realidad no se llamaba así. Se puso ese nombre porque sonaba lindo, así como griego. Importante. También empezó a usar toga, por que eso le daba un aire de intelectualidad. O al menos eso quería suponer.
      La hipótesis de Caokratos era sencilla. De acuerdo a sus corazonadas, el ser humano fue creado por un accidente extraterrestre hace dos millones de años. Un alienígena derramó un tubo de ensayo del que salió nuestra especie. Dado que este visitante de otra galaxia se sintió culpable respecto al accidente es que decidió compartir con los restos del tubo de ensayo su material genético. No se sabe bien si fue una inseminación asistida o el producto de una deliberaba orgía sexual.
      Y eso es todo. Entender nuestro lugar en la naturaleza como accidentes de la creación. En una de sus comparaciones más célebres, Caokratos asimiló el flujo de la existencia humana al tráfico en hora pico de una ciudad populosa. Las personas chocan sus autos, quieren volver a casa, dicen groserías, sudan. Así es la vida. 
      Este conspicuo científico del pensamiento también dejó sus impresiones acerca de la naturaleza de los temores. Caokratos asocia el movimiento de los intestinos y los gases a nuestros miedos más profundo. En definitiva, nos dice el filósofo, el mayor miedo del hombre es dejar escapar un pedo en un espacio público y que el resto se de cuenta. Cuan acertado estaba. 
      Caokratos indagó no solo en estos campos del conocimiento. También cimentó su fama de excelso jugador de balero. Uno de sus discípulos refiere una conocida anécdota del maestro. Pasó tres días y tres noche con el balero. Y acertó cada una de las movidas. Para su desgracia, no entró al record Guinness, ya que para este prestigioso libro publicó en su edición de 2005, el balero es una pérdida de tiempo.
      El maestro de la filosofía del siglo XXI atravesó el pensamiento oriental y occidental como una brocheta. Son todos iguales, salvo los esquimales, solía decir. De hecho una de sus disertaciones más celebres fue "Acerca de porqué los esquimales no necesitan paraguas u otras cosas".
      Murió en el año 2104, cuando rozaba los 120 años de vida. Murió en paz, rodeado de gente que lo amó con cariño sincero. Caokratos llegó a ser proclamado presidente del mundo en cuatro ocasiones. En todas se negó por considerar a la política un cáncer de hombre. Vayan a politizar con los tardígrafos, que están hace unos cuantos millones de años mas sobre la Tierra y no necesitan presidentes, solía decir. Para su funeral no quiso mayores exequias. Solo un pedido. Que trituren su cuerpo y lo coloquen en todas las piñatas del mundo y así traer algo de alegría a los chicos. 

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