miércoles, 30 de septiembre de 2015

Día 500: Tirar la ventana por la casa

      La corbata giraba en el lavarropas, solitaria, como un satélite plutoniano aún no descubierto. El traje, uno de segunda selección, se confiesa, lo destrozó el perro. Nadie esperaba que el hijo de puta fuese a elegir semejante juguete. Y la fiesta era ese mismo día. Bueno, ayer. Gracias, grandísimo hijo de la gran puta.
      Existen las elecciones en la vida y luego está la idea de tener perro. A veces son compatibles. En otras ocasiones es mejor intoxicarse con cianuro y ver cómo funciona la cosa. Por suerte tenía el placard congestionado de ropa para tales ocasiones. Traje B de emergencia. Apolillado. Traje C. Mancha de chocolate. El traje D lo prestó a su primo de Burzaco. No hay trajes.
      A la mierda la elegancia. Una bermuda. Un par de ojotas. ¿qué más necesita un hombre para ser feliz? La ropa es un bien accesorio de felicidad limitada. Algo así le dijeron en la escuela de marketing antes de abandonar la carrera al carajo. ¿qué más necesita un hombre para ser feliz? claro, un perro trituradora. Eso es felicidad garantizada. Hijo de re mil puta.
      Preocupaciones. Preocupaciones ¿así es volverse adulto? Cuando era más pequeño uno se imaginaba ser grande como algo divertido. Tan divertido. Como un tratamiento de conducto. O una quimioterapia. Cosas divertidas de gente grande. Nos equivocamos.
      Ahora pensamos que la vejez va a ser divertida. No me quiero imaginar lo que deben pensar los viejos entonces. Bah, en realidad lo presiento. Algo así como que la tumba debe ser divertida. Más allá de eso, no me imagino qué más puede ser divertido. En realidad preferimos ser serios la mayor parte del tiempo. Uno no le compraría un seguro de vida a un tipo que se le ríe en la cara como si tuviese monos en la cara.
      La fiesta de la ocasión. 500 días contra la pared. Aturde a nivel de espanto los kilómetros de pelotudez que puede desandar el hombre si se le da un mínimo de espacio. De ahí los accidentes de tránsito. Me imagino que en exotránsito esas cosas también deben ocurrir. El estado de la especie nos trasciende.
      500 días del más rudo esperpento convertido en letra y frase. Descorchen. Descorchen. Y olvídense del perro hijo de puta. Y el disfraz de gala. Todo se perdona. Todo se perdona. A la larga, todo se perdona. Después se castiga. Pero eso ya se reserva para un día 1000, o algo por el estilo. Lo importante, el recuerdo. Lo esencial, una vez más: nos equivocamos.

martes, 29 de septiembre de 2015

Día 499: El portavoz

      El extraño dijo llamarse Blanco. No por el color. Blanco por la sustancia. Tampoco hizo mayores aclaraciones. Mi mente por ese entonces surcaba parajes sexuales de los más profundos. Blanco como la... disculpe, ¿usted también toma el tren que va a Belfast? me pregunta. Claro, señor Blanco como la... mi mente estaba torpe ese día. Más torpe que de costumbre.
      Nos sentaron en el mismo vagón. Yo llevaba mi portafolio de negocios. Blanco llevaba una caja negra sobre sus rodillas. Curioso, ¿no? El tipo era un hombre de poca estatura, enjuto. Tenía unos anteojos diminutos y una mirada de cuervo moribundo. Parecía un heredero de la corona vestido de desamparado. 
      Mis clientes esperaban novedades del norte. Mejor dicho, aguardaban una venta jugosa que renovaran sus esperanzas en el capitalismo. Pero qué mierda, en esos años nadie tenía certeza de nada. Ahora tampoco, pero eso ya es otro asunto. La incertidumbre económica que me hacía trabajar como un cerdo histérico me llevó a trabar conversación con el señor Blanco.
      El hombre no trabajaba. Suertudo. Había heredado una fortuna. Más suertudo. Su abuelo le había legado millones, con una condición. Ni que lo digan. Llevar sus cenizas a Belfast y arrojarlas en un pub de la ciudad. Claro, continúe con su charla Mr. White, yo me duermo pronto. Kelly's Cellars. Casualidad, tengo que pasar por ese bar. Ese hombre, aun con el asco que desprende, sabe como atraerme. Me tiene como una mosca alrededor de un jugoso caballo. 
      Por casualidad, o vaya a saber qué capricho del destino, me topé con Kelly's Cellars. No es que sea muy aficionado de la cerveza. Los negocios eran mi prioridad. Bueno, debo decirlo sin tapujos. Mis clientes eran unos señores muy antiguos. Viejos. Viejos prestamistas. Bueno, usureros. Yo era la cara limpia de la organización. 
      Los pobres diablos acudían a mí como leprosos a Jesucristo. Nada santo salía de mi boca. Solo mentiras y más mentiras. A los comerciantes le encantaba. Se imaginaban dentro de cinco años fumando grandes puros en sus mansiones, acumulando oro en el Northern Bank y cosas así. Yo no era nadie para quitarles esa ilusión, de hecho de eso vivía. En menos de un año los pobres diablos eran aplastados por el peso de los intereses y las letras chicas de los contratos.
      Mientras tanto, yo estaba lejos, con ropas distintas, vendiendo ilusiones en el otro costado de Irlanda del Norte. Las cosas funcionaron bien hasta la crisis del 73, cuando mis inversionistas empezaron a sentir los embates de la criatura que habían alimentado hasta ese entonces. Un monstruo los miraba fijo y les exigía carne. Carne de primera. Y ahora el último eslabón de la cadena, el más pobre diablo de todos, iba camino a Belfast en busca de una solución mágica, sin más armas en la mano que un maletín forrado en cuero de segunda calidad. 
      Kelly's cellar era uno de los pubs más bulliciosos de Belfast. Ese día reinaba un silencio inaudito. Blanco y yo nos miramos. Acordamos sin mediar palabras pedir una medida de whisky para cada uno. Y algún que otro producto de charcutería para amenizar el desayuno. Eran casi las diez de la mañana. 
      Tomé mi reloj y le señalé a mi nuevo amigo que mis clientes se deben haber retrasado. Blanco tomó la caja negra y la señaló. Acá tiene a su cliente. Vaya, resoplé sorprendido. Está muerto. Eso solo pude decir. Hasta ahí llegó mi elocuencia. Mi padre quiere comprar todas las empresas de su accionista. Cada una de ellas. Hasta la última acción, ¿me entendió? dijo Blanco. Quiere que todas las ganancias sean entregadas a los comedores de Belfast que él enumeró en la carta que le envió a sus clientes, y pide reserva en su cumplimiento. Pero está muerto, dije. Eso invalida el contrato con mis clientes, agrego. 
      Blanco emitió una mueca extraña. Su aspecto turbio y magnético que me llevaba a escucharlo por más desagradable que me parezca. Tal vez ya estaba borracho. No sé. Lo único que recuerdo es que golpeó la caja negra con sus dedos y de un par de orificios salieron unos gemidos distantes. No recuerdo más que eso. Después firmamos el contrato y regresé a Londonderry en el tren de las 12.04.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Día 498: Literatura convaleciente

      Un hombre con sinusitis nunca va a escribir bien. Es que tiene arrendado las mejores partes de su cerebro a los mocos. Los rinconcitos del cráneo tienen como unos agujeros. La cabeza es una quena. Es el mandato. No escribir bien. Está condenado a tropezarse con las frases. A ser atrapado por esos adjetivos inútiles. Y todo lo demás.
      Por cierto, el cansancio de no dejarse llevar por aquellos aspectos interesantes de una trama. Porque en realidad le preocupan más los mocos. Eso le quita la energía para concentrarse en el trabajo. Eso o internet. Lo mismo da. Ese factor X externo que irrumpe en la soledad de las teclas. Que no deja ser a la idea. O peor, que la deja ser en demasía.
      Una idea fagocitaria, que se extiende con la prestancia de un virus. Que no da lugar a recortes u otros puntos de vista. Es el regodeo perezoso del ojo que ve y no deja cambiar el binocular. Ese hombre con sinusitis no quiere trabajar. Lo quiere todo fácil. Inmediato. Busca esa genialidad. El taquito. Un lujo. Para la ciencia ficción, un teletransportador.
      Un aparato capaz de llevarlo al futuro, en donde pueda ser capaz de comprar un libro exitoso, y poder venderlo en el pasado como si fuese suyo. Un plagio ad adsurdum. Y no sería mala idea. O aspirar cocaína. Dicen que las drogas funcionan. Abren portales de la mente. Crean como unos ascensores extra entre las neuronas para que hagan más o menos lo que quieran.
      Sí, las drogas. Este hombre debería matar a la sinusitis, esa capitana del reduccionismo literario de abordo. Un talento poco expeditivo. La sinusitis como reina de los mocos. Ella, danzante, figura en todos los pensamientos autorales como una nube verde difícil de disipar. 
      Cuántos momentos deberán pasar frente a sus ojos. El hombre con sinusitis brega por una novela. O aunque sea un cuento. Tal vez un Nobel. O un Pulitzer. Lo que venga con forma de letras. O tal vez solo necesita un poco de descanso. Una buena tanda de antibióticos. Un anticongestivo. Y a la cama. 

Día 497: Maelstrom

      Poner el precio a los sueños. Dejarlos germinar hasta donde se bifurcan los costados del camino. Parece una mentira. Un sutil codazo a la ilusión. Que sangra. Y sangra. Y no deja de sangrar. Las sombras en lo oscuro no se distinguen. Sombras y sueños. De fuegos y luces.
      Las doce que siempre da el reloj. En esa especie de eternidad alternativa. Pocos minutos para pensar en una dosis aventurera de vértigo. De la noche pocos valientes quedan. Van abandonando el barco. Por la puerta de dónde les queda mejor. 
      Si nadie lo predice todo puede ocurrir en el mismo instante. Muerte, vida y zombie. Ocurren. Concurren. El mismo cuerpo que aparece y desaparece. Son paradojas en el exilio. Un llamado de muchas salidas y pocas entradas.
      ¿De dónde sale el canto? Un murmullo de sirenas. Un trinar de cocodrilos. Es el barco que se hunde poco a poco en el olvido madre. La mugre flota. Resiste. Impermeable a la tempestad. Nada con los cocodrilos. Croa como un sapo. Erige un reino en la superficie. Ajeno al tiempo. A la espera. 
      ¿De dónde nacen aquellos que van a morir sin saberlo? Memorias de una vida alterada por la circunstancia del nacimiento. A todos aquellos fantasmas que dejen de acosarnos. Dormir en paz. Eso deseamos. Dejar en libertad aquella línea cambiaria que delinea el precio de los sueños. Por muchos caminos viraremos.
      Arrojaremos la semilla hacia un costado. Palpitaremos el costado lacerante. Herido en guerra del muerto en pie. Sulfuro. Veneno. Patrono de los amantes en combate. 
      Vamos hacia donde la muerte conduzca. Misterio. De esos que valen la pena experimentar. Señuelo de un pasar. Atisbo de una espina que nunca se termina de clavar. Volverá substancioso. El santo veneno. De un marinero en alta mar, perdido en sus sombras. Sin puertos. Sin señal.  

sábado, 26 de septiembre de 2015

Día 496: Untitled

      Cerraron la fábrica de duplicados humanos. De dónde salen los bebés clonados. Una importante parte de la empresa estaba dedicada a la producción masiva de órganos. La crisis golpeó duro y por sorpresa. Los empresarios no sabían adónde redireccionar su dinero. 
      A un genio se le ocurrió la solución. Armas biológicas. Venderían unas cuantas a Asia. Y sacarían adelante la empresa.
      Pero nada de eso ocurrió. La fábrica terminó por fundirse. Una gran subasta desmanteló cada pedazo del lugar. Y allí lo encontraron, durmiendo en el subsuelo. Una pequeña criatura de unos veinte centímetros de alto dormía en el piso.
      Un bebé clonado, pensaron. No. Era demasiado deforme para serlo. Más bien parecía un pequeño hombrecito. Un hombrecito que hablaba a los gritos. No quería abandonar la fábrica. Parecía amurado al suelo.
      Luego los gritos menguaron. El hombrecito dijo con voz clara que era el dueño de la fábrica. Deberían cerrar el recinto sobre su cadáver.
      Hicieron algo mejor. Lo encerraron dentro de un envase de plástico. Exhibirían su pequeño y deforme cuerpo en todos los rincones de la ciudad. Y por curioso que parezca hicieron mucho dinero con eso.
      El dueño de la fábrica exigió su parte. Bastante apetitosa, por cierto. Con esas ganancias recuperaría todo lo perdido. Y más cosas ganaría. Pero eso es otro cuento.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Día 495: Nueva veda electoral

      Ámbito festivo en los cuarteles del Frente de monstruos unidos por el terror. Han ganado las elecciones en Transilvania por una diferencia arrolladora sobre sus competidores. Al parecer sus promesas de caos y espanto surgieron efectos en los votantes. ¿Qué me puede pasar? Conocí cosas peores. Usted nunca vio a mi suegra. Cosas así decían. 
      Al final el conformismo ganó de forma rutilante. Los monstruos aprovecharon la ocasión para dar desde su bunker un discurso acerca de la victoria. Transcribimos las partes más importantes del mismo: "ahhhhgggggg, uggggjhhj, ehhh ehhj uggggggg igggg. Aghhhh eftttttt grgrgrgrgr haaaaaaaafrrrrr, crik. Trtrtr, coooooosggggg". Y una sección agregada de intraducibles improperios a los competidores que nos abstenemos de publicar.
      El primer acto del gobierno del frente monstruoso no se hizo esperar. Gracias a horas de mucho trabajo, se inauguró el primer centro de nutrición para vampiro. Gracias a este centro se recuperaron a miles de vampiros de situaciones de indigencia. El gobierno transilvano proveyó miles de humanos para tan fin, los cuales accedían gustosos por tratarse de una causa tan noble.
      El frente no durmió en sus laureles. Lejos de preocuparse por llenarse los bolsillos, abocaron todas sus fuerzas a los sectores más desfavorecidos por las últimas crisis, los monstruos hechos de injertos y los nacidos de accidentes químicos.
      A través de una reforma en la Constitución transilvana se buscó crear un organismo para la regulación de la ira en estos sectores de la sociedad monstruosa. El uso de scoring ante hechos violentos y su reducción mediante el incremento de tasas arancelarias estratosféricas calmó a estos sectores y les impidió iniciar una nueva revolución anarquista, o peor, la destrucción total del mundo sin motivo aparente.
      Aun con aciertos, el paso del frente monstruoso por la política transilvana no siempre fue color de rosas. Tuvieron que replegar cantidades numerosas de revueltas humanas que exigían un trato más menos monstruoso. Decían que se encontraban cansado de comerse su cuota diaria de gusanos, que no eran pájaros. Y cosas así. 
      El frente monstruoso fue práctico en la resolución de estos conflictos. Los disidentes sirvieron de alimento para los zombies más pobres, que no tenían acceso a una vaca o que habían perdido alguna extremidad de su cuerpo y necesitaban de asistencia médica.
      Pudieron haber gobernado Transilvania por siglos, pero una intriga conspiradora entre los miembros del partido acabó en meses al Frente de monstruos unidos por el terror. O, como solían llamarlo, el FDRMUPET. Luego de un nuevo periodo de elecciones, un partido político conformado por tigres de bengala, bajo su lema "sangre o muerte", tomó las riendas del gobierno. Y todo volvió a la normalidad.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Día 494: La decimoséptima extinción

      Durante los años 2352 y 2358, antes de caer en desuso, se imprimieron los primeros y únicos manuales de manejo de bombas atómicas caseras. El librito constaba de unas 36 páginas encuadernadas en rústica. Ahí se explicaba procedimientos de seguridad para una explosión óptima en, por ejemplo, el fondo de una casa en el jardín.
      El concepto de casa había cambiado un poco luego de La gran Devastación del siglo XXII. Mucho territorio y pocos habitantes. Y por cierto, cero gobierno. Así que hasta que volvieron a surgir las nuevas formas de auto organización a principios del siglo XXIII, la humanidad quedó sola y desamparada para proteger un planeta que se hacía enorme a cada paso que daba.
      Y las bombas atómicas fueron muy útiles en aquellos tiempos. Porque brindaban protección y limpieza, todo en el mismo paquete. De hecho era el único desinfectante artificial regulado por la mayoría de los sobrevivientes de La gran Devastación.
      De ahí la importancia de los manualcitos, que impedían que las personas se vuelen la cabeza (y el resto del cuerpo) de forma estúpida. La clave del manejo de las bombas atómicas caseras se encontraba en el correcto uso del regulador y el expansor. 
      Por un lado se escribían las coordenadas del área a estallar en el regulador, mientras que el expansor determinaba la fuerza del impacto de acuerdo a los atenuantes ingresados al sistema. Para un estudiante de primaria del siglo XXI usar una bomba de ese tipo era un asunto sencillo. Pero ya no era el 2020. 
      La humanidad restante tuvo que reproducirse sobre la base de una educación deficitaria. Y así salieron sus hijos. Y sus nietos. Y sus bisnietos. 
      Como se puede imaginar, el nivel de lectura de la población mundial distaba de ser bueno. Un manual de una bomba atómica casera representaba un desafío tan grande como leer el Quijote en una sola noche. 
      Del modo en que operan las casualidades una bomba cayó en manos de un hombre con muchos problemas de atención. La suerte previó un manual. Y el desastre una hoja faltante. La 24. Instrucciones básicas respecto al uso del expansor.
      Tarde para percatarse del error. Una gran luz sacudió el cielo. Desde la luna el espectáculo fue muy colorido. Una nube de polvo circuló por la Tierra casi durante diez años. Uno de los últimos seres humanos pensó, antes de morir: si fue como se extinguieron los dinosaurios.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Día 493: Rodaderped

      Retos. No el hecho de ser cagado a pedos. Ser temerario. Impulsivo. Nadar contra la corriente como una cucaracha con testículos. O algo así. La cosa es rara. No importa. Ánimos, hombre. El universo no está hecho a diseño de los cobardes.
      Con soltura dejó que el ano se dilate y una buena porción de mierda cayó sobre la taza del inodoro. Retos. Sí, hay que ir más allá. No vivir. Comer. Cada pedacito. Animarse. Tomó un pedazo de excremento entre sus manos y se limpió la cara hasta que le quedó una base marrón.
      Es solo masticar el primer pedazo. Amargo. Cierto. Como la ruda o el eucaliptus, pero con un toque de... un no sé qué... rico. Comer mierda puede ser rico, si uno lo desea. No es cosa para cobardes. Retos. Bañado en mierda. Un olor peculiar. En la calle caminó desnudo. Con sigilo.
      No es fácil escapar de esa porquería. ¿Quién lo creó? ¿Un adolescente en pleno delirio masturbatorio? No, fue algo serio, en parte broma. La porquería se parecía a ese dibujo animado de la televisión. Un pequeño pony color rosa. Un pequeño pony color rosa y caníbal.
      Caníbal y por cierto invencible, al menos en apariencia. Resistente a las balas y los chistes. Impermeable. Todo lo que Superman habría deseado ser si fuese un pequeño pony rosa y caníbal. Solo quedaba una persona en la ciudad. Una persona bañada en caca.
      Avanzó hacia la esquina. El pony no sintió su presencia. La caca debe anular sus sentidos, pensó. Sigilo. Retos. ¿Cómo matarlo? Lo habían atacado de casi todos los flancos posibles. Solo quedaba un sitio. Lo sabía. Y esa perspectiva lo excitaba.
      Ir con cuidado es para cobardes. El hombre metió con fuerzas el puño en el ano del pequeño pony rosa caníbal sin contemplaciones. El animal emitió un aullido de dolor. Ahí tiene su punto débil, pensó, mientras seguía retorciendo el puño para hacer dilatar el año.
      Una buena carga de mierda colorada bañó su brazo. Sangre. Su estrategia funcionaba. Pronto liberaría a la Tierra del pequeño monstruo. Lo sentía. Pero no es suficiente. Falta algo. Más grosor. Más grosor. Si no dilato más ese culo horrible la cosa me va a comer el brazo.
      Con la perspectiva de una posible muerte en vista no dudó en usar el elemento contundente más próximo a su cuerpo. Ahí se encontraba, brillante, sobre sus hombros. Una preciosa cabeza con indicios de alopecia. Una preciosa cabeza pintada de marrón. Rico. Retos.

martes, 22 de septiembre de 2015

Día 492: Sincericidio

      Un nuevo avance en la teoría del multiverso. De acuerdo a los científicos, una tostada de pan tiene un 15% de materia grasa producto de un universo paralelo. Es mucho. Bah, pensamos que es mucho. No sé. Son las noticias que nos traen desde la agencia. A mí no me miren. Soy solo un locutor de radio. Bueno. Abajo máscaras. Hablemos a calzón quitado, como quién no quiere la cosa.
      ¿Quieren oír la verdad? ¿Toda la verdad y nada más que la verdad? Estoy cansado. Cansado de practicar esta mierda, todos los putos días de mi existencia hasta morirme de ese lento cáncer llamado vida. A veces me gustaría salir del edificio de la radio a deshojar margaritas. Mientras tanto, malgasto mi tiempo contándole estas estupideces.
      Como cuando Cher metió a su perro en la cama, o el nuevo amor de fulano de tal. Historias interesantes. Para gente interesantes. Oídos prendidos a la radio. Oídos que no tienen nada que hacer. Vamos. ¿Me iban a decir que toda esta sarta de sin sentidos iba a iluminarle la vida? Lean, carajo. Lean. Usen la cabeza. Accedan a esa bendita cosa llamada internet y tipeen filosofía. Les va a salir quinientos mil links. Agarren uno al azar y me cuentan.
      Tampoco quiero hacerme el superado. No es el poder de quien tiene el micrófono, es más bien la certeza de algo que se sabe inevitable. El camino hacia el patíbulo. El vivir sin razones aparentes hacia un final poco claro. Pero no se preocupen, para eso existen las drogas que hacen pasar el tiempo. Un temita de Arjona y a la cama. Es más legal, por cierto, que clavarse diez cajas de barbitúricos, aunque a la larga tenga el mismo efecto.
      Una última verdad. Los odio. Odio cada centímetro de sus horribles cuerpos. Deseo la muerte de cada persona en esta Tierra. Lenta y dolorosamente. Incluso deseo mi propia muerte. Si tuviera los huevos suficientes me suicidaría acá mismo. ¿Les gustaría, eh? Todas ustedes, putitas del morbo. Les gusta la sangre que chorrea, eh. Les gusta toda esas noticias del padre que golpea, o de la madre asesinada. Claro que les gusta. No es la lástima. Es la excitación. Les excita. El placer, el bendito placer del morbo.
      Y por qué la mueca cuando vengo a hablarles de una obviedad tan obvia como la muerte. Sí. Noticias de último momento: todos, pero todos, nos vamos a morir. Tarde. Temprano. De un modo. U otro. La muerte cae. Cae sobre vos, y sobre vos. No es racista. Ni sexista. De hecho la muerte es la mejor definición de democracia que se me pueda ocurrir.
      Tan sedados van a estar que no les va a funcionar el cohete. Y chau viaje a la luna. Que por cierto fue una mentira. Fue todo un montaje, imbéciles. O sea que el día del amigo es una farsa. El día de la hipocresía debería llamarse.
      Mis horas como empleado de este vil negocio están contadas. Por cierto, poco me importa. Me voy con la llaga expuesta. Hasta ahí pervertí sus sentidos. Ese es mi límite. Ahora plantéense el de ustedes. Chau.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Día 491: Viaje al centro de la nostalgia

      Un viejo papel amarillo reclama su lugar. Advirtió que esos sentimientos de amor cubiertos de tinta tomarían un rol importante en el decurso de las acciones. Hall no paraba de gritar, el pasado volvía en forma de castigo. Un látigo se clavó entre sus carnes. El verdugo jugueteaba con la espalda roja de Hall.
      Podría haber tenido un acuerdo para reducir la pena, pero no quería verse como menos hombre frente a su verdugo. Hall, tenés que comportarte como un hombre. Crecé, mierda, crecé. Pero aun así no podía resistir los gritos. Esa pequeña bola de músculos vestida de negro quería obligarlo a recordar. 
      Juntos, castigador y castigado, iniciarían un viaje que los conduciría al centro mismo de la nostalgia. Visitarían lugares en los que los que las cosas se pintan de sepia por que sí. Momentos del pasado que son mejores que los actuales vaya uno a saber por qué. Esa estúpida idea que le inculcaron sus padres acerca de las bondades del pasado. Hacia esos lugares lo querían encaminar. 
      Pero Hall se resistía con todas sus fuerzas. Se aferró con uñas y dientes a su mecanismo de represión y creyó lograrlo. Hasta que las cosas de su infancia comenzaron a salir a chorro por su boca. Contó sus penurias. Sus placeres eróticos más secretos. Aquel día en que rompió esa taza de porcelana china de su abuela. O la noche en que escuchó ruidos extraños que provenían de la pieza de sus padres y se asustó. Entró a la habitación y el susto fue peor. Sus padres estaban peleando. Como había visto alguna vez en la televisión, esas tomas de lucha libre. Un amigo de la escuela le había dicho que era todo mentira. Está todo arreglado. Salvo lo que estaban haciendo sus padres ahora. Tenía cinco años. 
      Después volvió a tener treinta y nueve. No era una mala edad. Al menos si no se detenía en esa panza que no para de crecer. O en las arrugas y el pelo casi gris. No era mala edad. Bueno, en realidad sí. El castigo corporal que recibía lo hacía sentir más viejo aún. Todo por negarse a compartir sus recuerdos.
      ¿Cuándo fue que ocurrió? ¿Hace quince? ¿diez años? El tema es que existía un gobierno que utilizaba a sus ciudadanos como si fuesen una batería a partir de sus memorias y los exprimían. Naranjas para el sistema. O una cosa así. Negarse a compartir los recuerdos equivalía a una sentencia de muerte. O a una intimación poco amigable. 
      El camino hacia el centro de la nostalgia. Hacía allí lo llevarían, tomado de la punta de las narices. Por haber tratado de evadir al gobierno, ahora Hall sería vaciado. Y no es esa clase de eufemismos que suelen inventar las personas para hablar de algo malo. No. Vaciado es vaciado, sin otras interpretaciones. Sacarían de su cuerpo hasta el último cúmulo de energía. Lo que algunos científicos locos del sistema llamaban "la muerte lenta". Eso sí es un eufemismo. Hall sintió poco a poco como su boca dejó de pertenecerle. Sus neuronas dijeron una a una adiós. Y así fue como todo empezó a terminar. 

domingo, 20 de septiembre de 2015

Día 490: Radiología de un virus

      Que no te tomen por sorpresa. Una mañana, por no saberlo, podés estar muerto. Así funciona el virus. En realidad actúa por un factor aleatorio. Y nunca se sabe bien si la cosa te va a hacer mal o bien. Es 50 y 50. Como tirar un dado. O una raspadita.
      De todos los funcionamientos del azar lo mejor es la sorpresa. Pero es mejor en todo caso encontrarse prevenido. Usted lo sabe. Puede pasar. De levantarse una mañana muerto, como el gato de Schrödinger. Ese hombre no amaba a los animales, puedo jurarlo. Yo tampoco.
      Con la suavidad del algodón el virus ingresa por las fosas nasales. Crea su desbarajuste y sale, a buscar nuevos huéspedes. Es un virus fugitivo, raro en su especie. Toca la puerta y no deja que se prenda la luz. Así funciona.
      Después nos enferma. Claro. O también puede hacer cosas mejores, como multiplicar las interconecciones sinápticas. En resumen, promueve la capacidad neuronal de producir múltiples pensamientos en cuestión de segundos. Pensamientos de avanzada. Algo muy sofisticado que poco entenderían las pobres mentes que andan a dos por hora.
      Pero el virus de la inteligencia no viene sin sus contras. El pensar algo rápido enloquece. Más rápido de lo que la mente está dispuesta a aceptar. Pero después se va. Se desvanece. Como un tormenta de verano. Así de rápido. Es un chasquear de dedos.
      Déjenme presentarles a la sorpresa. Ese evento inesperado. Eso que viene a torcer el destino de la galaxia. No pierdan la capacidad de asombrarse. Porque es un perro. Es un perro flotando a la deriva del espacio. Se escapó del vecindario interestelar y cayó en un agujero negro.
      Su ADN lo tomó prestado y se reimprimió como la segunda edición de un diario. Pan caliente. A todos los confines de la galaxia se reparte la noticia. El virus perruno. Nadie espera que el can salga indemne. Sus pedazos se esparcen hasta infinitos granos de polvo. El virus perruno que dura centurias. Eso es. 
      Y nos vuelve inteligentes. O tarados. De acuerdo lo que nos toque. Es aleatorio el efecto. Ya lo dijimos. Lo mío, lo nuestro, es un caso especial. El efecto fue múltiple. Me convirtió en un tarado inteligente. La idiotez puede convivir con la lucidez. Ahora puedo demostrarlo.
      Puedo enarbolar una enorme teoría del tamaño de Kansas para decir que las ideas abrevan en el vacío de la imbecilidad. Es algo acorde a la realidad del virus del perro. Algo inimaginable para nuestros abuelos, que solo pensaban en comer y tener hijos. A veces este virus mata. Pero no es mi caso. Se los puedo jurar. Hagan la prueba. 

sábado, 19 de septiembre de 2015

Día 489: Lastre biológico

      Y un buen día un genio dijo: matémoslo todo. Todo. Y así fue como, sin pedir permiso a Greenpeace, la humanidad extinguió a cada especie sobre la Tierra. Adiós biodiversidad, adiós ballenas y protecciones de la especie. Chau, chau.
      El experimento por cierto no resultó bien. La naturaleza se fue al mismísimo diablo y los humanos sintieron el golpe. Así que tuvieron que reemplazar el lío con cosas de tipo sintético. Y repartirse entre ellos la labor de los animales. Hombres elefantes. Hombres jirafa.
      Y si bien la naturaleza puede ser una difícil compañía, también puede facilitar las cosas de los modos más extraños. Un poco obedece a las reglas del capricho. Y repuebla como le sale, porque no le gusta ver a la Tierra desierta de animales.
      Las montañas empiezan a crecer, casi por que sí. Los picos se acentúan. Algunos deciden clavarse a los cuerpos de algunos humanos animales. Porque sí. Pero si la ciencia pudiera explicarlo diría algo así como: "es parte del ciclo". Detrás de tanto desquicio caótico hay un ciclo. Es así.
      Después vuelve todo a la normalidad. O hay borrón y cuenta nueva. Para quedarse un rato pensando acerca de qué es la normalidad. Si es el frío en las pantuflas o la explosión de un meteorito. O de meter una bomba que haga estallar medio planeta.
      Todos los pasos son sucesiones lógicas de una misma moneda regida por el mismo estúpido. Después, cuando llega el nuevo orden, claro, se cometen más estupideces. Y el ser humano decide borrar con el codo lo que borró con la mano.
      Es una breve teoría de lo que pasó. Me han dicho que las lecciones de historia se han vuelto inútiles a estos tiempos que corren. Las universidades han quedado obsoletas. Somos unos pocos merodeadores del conocimiento. Carroñeros de libros. Y cosas así. Nadie sabe cómo era la Tierra hace trescientos años atrás, en el tiempo de las grandes civilizaciones. Todo eso pasó. Por suerte. Nadie habría querido estar en esas botas tan pesadas.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Día 488: Principios de ecología

      Mañana va a ser ayer algún día, porque todo momento es reversible, como una media puesta al revés. Culpen al TOC, culpen al TOC. Que es un buen modo de empezar el futuro. A veces seremos un placer incorregible o una tortura necesaria. Depende para que lado caiga la tostada. Lo juro, lo que vendrá no te va a gustar.
      Porque sé que sos esa clase de persona que le gustan las historias lindas. Esas que esconden la sangre debajo de la almohada para que nadie sé de cuenta de cómo terminan de degollar al muerto. Es un bello compromiso con la verdad. Si tan solo pudiéramos perdonarlo. Ese engendro de Norman Bates. Hijo de Satanás. Él y la mamá de todas las neurosis.
      Pero vamos de a poco. No es cuestión de atosigar a la persona que lee con datos que no vienen a cuento. Primero mencionemos la cuestión de la ruptura espacio-tiempo. Es una cosa como sacada de un cuento de ciencia ficción, lo sé. Pero es real. Cuando múltiples posibilidades conviven, debo manejar con cuidado lo que digo y dejo de decir, porque tal vez algún día esos hechos desaparezcan o, por el contrario, se reproduzcan bajo las sábanas como muchos conejos rabiosos con ganas de tener sexo desenfrenado y sin protección.
      Primero eso. Después esto. Sé que puedo estar loco. Lo sé. Pero creánme, hay una historia detrás de mis palabras. Lo que vendrá fue algo digno de ver. Es confuso, pero si se le dedica un momento, el cuadro puede llegar a pintarse del modo en que debe ser observado. Música para los ojos. Si de sueños fuésemos armados en la fábrica nos desecharían. Es un bien colateral, lo comprendo. Pero tan inútil como una apéndice o una vesícula.
      Si hubiese menos formas de explicarlo quizás todo quedaría un poco más claro. Estamos tarados por esa pregunta acerca del sentido. A veces no lo tiene, ya podés saberlo. Es hora que dejes los pañales y asomes esa cabeza de tortuga afuera del mundo caparazón en donde te criaste. No llores. Es necesario. Un rito de pasaje. Es hacerse lo que vas a ser. O lo que siempre has sido. Es un complot circular. 
      Creo que las cosas cambiaron cuando unos pequeños seres provenientes de otro planeta subyugaron nuestra especie. Es literal. Lo juro por mi madre rebanada en mil pedazos. Nos agarraron a todos. Nos pusieron en fila y nos extrajeron cada uno de nuestros preciosos cerebros. A cada uno de ellos lo metieron en un envase de plástico transparente. Y nos dejaron pensando cosas, cosas,cosas. Ya lejos de nuestros cuerpos, claro. 
      La carne se la comieron. Tiraron nuestros desperdicios por la escotilla de la nave encargada de eso. Y con la sinapsis de nuestras neuronas obtuvieron el impulso eléctrico para mover la nave en el espacio. ¿Qué les parece la idea que tienen los extraterrestres de energía renovable?  Me sentiré algo estúpido el día de mañana cuando todo vuelva a ocurrir. Igual que ayer. Y lo mismo dentro de diez años. Ya lo dije.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Día 487: La revolución de los trabajadores

      Ese día se suspendieron todos los envíos al interior. La crisis en la fábrica revestía un carácter preocupante. Sin materia prima no hay producto. Tenemos problemas con el stock. La demanda baja. Es la competencia que nos ha puesto en la estocada. Los especialistas en marketing corrían para todos lados, como si estuviesen prendidos fuego.
      Así de dura es la industria. Más dura aún la que se encarga de producir en masa todo tipo de consoladores. Consoladores con luces. Consoladores con escamas. Consoladores con sabor a maracuyá. Consoladores con forma de árbol de navidad. Consoladores que vibran como un celular. Y los comunes.
      Una mañana de agosto, fría, con amenaza de nieve, cayó la demanda. El dueño de la fábrica necesitó a once abogados para leerla y sostenerla. Como si esa demanda fuese un yunque de veinte mil toneladas que necesitase ser levantado.
      Las ventas cayeron en picada. Una denuncia colectiva instaba a la empresa "Culo feliz" (sic) a indemnizar a un grupo de 120 usuarios de consoladores por una suma de 569 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios ocasionados por una mala partida. El látex había venido malo, y ahora tenían cientos de genitales contaminados o, en su defecto, extirpados, viviseccionados o, más simple, inutilizados.
      En Culo feliz no había mucha felicidad que digamos. Todos temían lo peor. Sueños de consoladores de piedra incrustado en los anos de los principales miembros del directorio acudían a la mente de todos los operarios de la fábrica. Cabe decir que en Culo feliz no se hablaba de otra cosa que no sea de consoladores.
      Aunque con los inconvenientes de los últimos días, las demandas judiciales se convirtieron en un excelente tema de conversación. Los operarios pensaban. Pensaban. Nos pagan el sueldo en consoladores. Estas personas van a obtener dinero. Dinero de verdad. No un pedazo de goma para introducir en un orificio aleatorio del cuerpo. Deberían hablar con el dueño de Culo Feliz. No sería mala idea.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Día 486: Heliogábalo

      Cuando Publio Quinto Flavio fue nombrado nuevo gobernador de la Tarraconense recibió el cargo con desconfianza. En realidad, nadie lo sabía, aun le duraba la resaca de la noche anterior. Una fiesta de las más fastuosas se había desarrollado en el palacio del César. Fue el mismo Heliogábalo, en medio de una orgía de alto desenfreno sexual y vino, quien lo nombró procónsul. Partiría a Hispania dentro de una semana con un séquito acorde a las circunstancias.
      Publio Quinto, quien se jactaba de inexistentes vínculos familiares con la dinastía Flavia a pesar de compartir el cognomen , tomó el nombramiento como una bendición. Aunque estaba demasiado borracho para apreciarlo. Y ahora ya recuperado, al menos en parte, de la desquiciada fiesta de anoche le quedó sembrada la duda. ¿Esa bonita mujer con la que fornicó anoche? ¿Era un mujer? ¿O acaso los rumores respecto al emperador serían ciertos? No quería ni pensarlo. Armó sus enseres con prisa y tomó un carruaje directo al puerto.
      La comitiva, un tanto peculiar, estaba conformada por su familia, doce lictores, un baúl repleto de joyas, víveres, atados de ropa y una torada conformada por veinte esbeltos animales. Aparte de la bebida y las relaciones sexuales dudosas, los toros eran la mayor afición de Flavio.
      Tarraco recibió al nuevo procónsul con los brazos semiabiertos. Durante esa época la región tenía muchos apremios económicos que databan de la época de Caracalla, y aún anterior. Es así como en medio de la pobreza que se acrecentaba Publio Quinto montó una enorme bacanal. Desde muy temprano los excesos del vino hacían efecto en Flavio. Una vez más. Temió despertarse en la cama junto a una bella mujer, convertido en el nuevo emperador de Roma. Pero eso no pasó.
      Por el contrario, lo encontraron tirado en la calle, dormido. Sería la primera vez que la región de Hispania presenciaba una suelta de toros. A Publio Quinto le resultó divertido ver a sus hijos correr por las calles, mientras corneaban a quien se le cruzase por su camino. Para desgracia de los tarraconenses, esa no sería la primera y última vez.
      Las sueltas de toros se hicieron moneda corriente. Lo mismo para las orgías. Flavio estaba decidido a enriquecerse y beber todo lo posible antes que finalizase su cargo. Además siempre existía la posibilidad de que alguien le clavase un puñal al emperador, puesto que muchos le tenían una gran antipatía a Heliogábalo. Muchos en las calles lo llamaban la princesita iconoclasta. A Flavio le importaba un carajo las habladurías. Estaba demasiado borracho para oír las cosas que se decían por ahí. 
      Una tarde Publio Quinto Flavio despertó una vez más en la calle. Tuvo una genial idea. Montaría la orgía más grande de toda la historia de Roma. Una orgía que llegue a los oídos del emperador y lo haga morirse de la envidia. Para ello necesitaría un lugar grande. Y mucho, pero mucho vino. 
      La invitación se extendió a amplios sectores de la sociedad tarraconesa. Se convocaba a quien desease divertirse que se acercaran al anfiteatro. Los habitantes se encontraron con una gran sorpresa. Hoy no habría lucha de gladiadores. Un gran tanque que cubría casi toda la arena. Dentro nadaban muchas mujeres y hombres desnudos. En el centro del tanque, Publio Flavio saludaba a todos los habitantes y repetía su llamada a desnudarse y nadar en el tanque de vino. Acto seguido se zambulló y nadó de punta a a punta sobre el lago bordó creado para complacencia del procónsul. 
      En algunos bordes del tanque había platos con manjares de todo tipo. Los pobres eran quienen bebían y comían con mayor fruición. Bendecían al gobernador con grandes loas. Publio Quinto recibía los cumplidos con tímidos saludos del político que conocía el paño del fervor popular. 
      "¡Y ahora, el acto final!" gritó Publio Quinto Flavio con las fuerzas que le quedaban. "¡Que suelten a Valerio!" indicó a dos de sus lictores, mientras se bajaba tambaleando del tanque de vino. Aplausos. Eructos. Gemidos. El anfiteatro era un hervidero. 
      Valerio se acercó a la arena. De los veinte animales que vinieron con el gobernador, Valerio sin dudas era su toro favorito. Un precioso, precioso toro, decía Publio Quinto, que no paraba de gritar y hacer ademanes a las personas que lo observaban, embelesados. 
      El toro se acercó al gobernador a gran velocidad. Los tarraconenses se preocuparon por la vida de su dirigente. Publio Quinto, con un torpe movimiento, esquivó el embate del toro y lo tomó por la espalda. Hombre y toro se fundieron en un abrazo. Valerio se había criado desde pequeño en la finca de Publio Quinto. Era tan dócil como un perro. 
      El público se fundió en un gran aplauso. Quieren más. Es obvio que quieren más, pensó Flavio. Acá les va lo que quieren. Desnudo, frente al toro, el gobernador enarboló una preciosa erección. Luego, tomó al toro de la cintura y lo penetró por el ano. En semejante estado de ebriedad tuvo una revelación. Claro, sí, era él. Tuve relaciones sexuales con el emperador. Después se olvidó y continuó con el acto sexual hasta culminar dentro del toro. 
      A Valerio no le hizo mucha gracia el juego de Flavio. Aunque podría decirse que también lo disfrutó. Sin embargo el juego terminó pronto. El hombre ahora vestía una toga cubierta de vino. La coloración bordó de la vestimenta inyectó de furia al toro. Sin avisar, clavó su cornamenta derecho en la parte baja de Publio Quinto Flavio, quien se desangró en escasos segundos. Así terminó una de las orgías, quizás la mejor, más grandiosas en la historia de Roma.

martes, 15 de septiembre de 2015

Día 485: Anómalo

      Ya podrás decirle que la amo, aunque te pido que guardes el secreto por otro milenio más. Así somos los inmortales, rencorosos y poco preocupados por la cuestión del tiempo. ¿Que si traté de matarme? si, claro, muchas veces. No siempre se tienen las mismas ganas de vivir por toda la eternidad.
      Aunque sí debo reconocer que nunca flaqueé en mis intenciones de amarla. En realidad siempre fue un poco el motor de mi existencia. Ella y sus cabellos de ángel. No los fideos, por supuesto. Por desgracia el amor de mi vida murió siglos atrás. Ella era una simple mortal. Traté de revivirla. Pero fue una cosa inútil, una pérdida de tiempo. No existe una ciencia oscura tal que pueda develar los misterios de la vida y la muerte.
      Mil veces he tratado de comprender aquel capricho de la naturaleza que me hizo vivir por siempre. Nunca logré dar en la tecla. Incluso llegué a pensar que me encontraría con personas parecidas a mí, como en las películas. Eso nunca ocurrió.
      Decidí, por el bien de mi salud mental, no volver a encariñarme con las personas que puede acarrear el devenir de la vida. Así es como le tomé el gusto a los bienes más imperecederos que trae la cultura, como la música y los libros. Placeres eternos, tal como yo los llamo.
      Busqué refugio en el hedonismo, no por falta de amor. Al menos primó un amor no altruista, un deleite para con la vida. Tácticas de supervivencia, digamos. Y lo peor de todo, mantener el cuerpo.
      No es como se piensan. No es lo que dicen los libros. Tampoco las películas. El cuerpo envejece, y no para de hacerlo. Los huesos se descalabran hasta hacerse cenizas. La piel se cae hasta el piso. Con más de doscientos años encima, cualquier ser humano se convierte en una babosa.
      Igual no me quejo de mi vida de invertebrado. A pesar de lo que se crea, la mente envejece como el mejor de los vinos, y si se la sabe cuidar, rinde muchos milenios. Muchos, lo aseguro. Aunque desearía a veces tener el cuerpo de joven.
      Al menos sé que así todo arrugado mi amada no me reconocería. Yo sí, a pesar de mis casi quinientos años de vida, tengo buena memoria. Viví buenas épocas, y otras no tanto. Dejé de preguntarme muchas cosas, y empecé a preguntarme otras. Es para pasar el rato, ¿saben? Ninguna pregunta tiene el sentido suficiente como para definir una vida, por más corta o larga que sea, eso ya lo aprendí con la experiencia.
      Ahora sé que puedo decir cuánto amo a un cadáver y eso poco va a importar. La vida es la consecución de las cosas sin trama aparente. De eso se trata. Y a mí poco me importa lo que sea amor u ocio o joda. De lo que venga es lo mismo. Se los puedo asegurar.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Día 484: Insomne no se sueña

      Deberás insistir. Aunque no lo parezca, esa porquería puede sobrevivir a catástrofes de las grandes. Deberías saberlo. Es un ataque necesario. Hace unos años tuvimos que bombardear Gaza, no por que quisiéramos. Cuando el deber ser llama a la puerta, uno tiene que obedecer sin más. 
      Maneja la ansiedad con tenedor. Esta noche va a ser la gran invasión. El nuevo día D. Algo que haría palidecer a todas las guerras anteriores. Poder avanzar con todo el pelotón hasta terreno enemigo. Sin miedo a las bombas o a lo que venga.
      Un movimiento arriesgado. Esa estrategia que te puede dar la victoria. Un triunfo definitivo. Caíste en la trampa del nido de ametralladoras. Pero zafaste. Un brazo lastimado. Nada grave. Adentro. Adentro. Hasta el núcleo de la cosa misma.
      Por entre la selva. Más allá de donde resuenan los gritos. Deberás insistir. El camino es largo. Es una guerra milenaria contra el espanto. Y del otro lado el inconmensurable vacío. Esa criatura deforme que todo lo devora. Miles de espacios atrapados en un mismo silencio. 
      Los soldados avanzan. El cielo se oscurece. Lluvias tienen que venir. Limpiar los mares con sangre. Y en el fondo un ojo. Un ojo que observa. Atento. Esos pasos furtivos. Ahora llueve con intensidad. Una señal de alto. Son como cucarachas. Un montón de cucarachas resistiendo quien sabe qué.
      El ojo no para de observar. Aunque los soldados no lo presientan, más allá de la selva existen manos, gigantes, que lo controlan todo. Las manos de un niño. No saben que son juguetes. Es su juego el que acaba de empezar. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Día 483: El jinete

      El Sumo Pontífice tenía apremios. Dentro de una semana anunciaría la legalización del matrimonio entre homosexuales. Sabía que eso no iba a caer muy bien en los sectores más ortodoxos de la comunidad católica, pero el lobby del Vaticano había hablado. 
      El gobierno papal tenía grandes planes para el futuro. A puertas cerradas lo llamaban "Operación reconquista". La actualidad del cristianismo era promisoria. Salvo ese pequeño detalle. 
      El Papa era el problema. No había posibilidades de hacer lo mismo que con Juan Pablo I (y con los últimos cinco Papas). La seguridad se había redoblado desde ese entonces. Además, el Vaticano había recuperado el derecho de armarse para luchar las nuevas cruzadas contra los infieles del siglo XXII.
      Ese pequeño detalle. Dijeron que era mestizo, pero más bien era un eufemismo que ocultaba la verdad. El Sumo Pontífice era tan negro como una noche sin estrellas. Negro como un trozo de brea. Tan negro como la muerte. 
      Y eso a los fieles no le gustaba ni medio. Se escondían bajo el manto de la tolerancia, pero en realidad eran fervientes racistas. Negro como un pasillo poco iluminado. Después estaban todos esos viejos rumores, profecías que le llamaban, respecto al Apocalipsis luego del advenimiento del Papa negro. El papa negro. Las santas escrituras eran muy claras en ese asunto.
      El gobierno papal se limaba el cerebro ideando planes para derrocar a ese horrible negro. Nada se les ocurría. Hasta que un cardenal taiwanés tuvo una idea. Crearían una nueva religión. Un cisma disidente. Y, entretanto, hundirían al cristianismo con Papa negro y todo. 
      Primero vino lo del matrimonio homosexual. Dentro de unos meses, anunciarían la inexistencia del cielo y el infierno, y también de la vida después de la muerte. 
      Para el año que viene, tenían el plato fuerte reservado. La mentira de Dios y Jesús. Fue todo un invento para mover a las masas. El Papa, contra todo pronóstico, obedeció a los mandatos del gobierno papal sin chistar. Así debe ser la voluntad de Dios, dijo. 
      Algo inesperado sucedió. Dos años después, el cristianismo pasó a convertirse en la religión más sincera del mundo, razón por la cuál, todos los países no cristianos empezaron a adoptar la religión. Incluso muchos ateos terminaron por convertirse al cristianismo. Sostenían que promover la mentira de Dios era el mayor acto de fe de la humanidad. Un acto de amor sincero. Así fue como el Papa negro trajo la paz a la Tierra.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Día 482: Psicopompo

      El taxi giraba en círculos. Cada tanto subía a la vereda. Estuvo a punto de pisar un peatón. De milagro el hombre se percató que estaba por ser atropellado. Se tiró a un costado. El vehículo le pasó como a unos cuarenta centímetros de distancia. Cerca.
      A unos 70 kilómetros por hora transitaba por las pequeñas calles de la ciudad. Los peatones en vano trataban de detener el taxi con sus señas. Nada podía detener a un vehículo fuera de control. Dentro. Al volante. Un hombre en sus cuarenta se erigía en un grito persistente, agudo e irritante. Cerca.
      Así manejaba, como un émulo de GTA, ese videojuego que le suele gustar a los niños viciosos. Solo un divertimento. Ocio. Nada de trabajar En realidad tampoco lo necesitaba. Esta persona había heredado una cuantiosa fortuna de su difunto abuelo. El viejo hijo de puta lo único que supo hacer en la vida es dinero y morirse. Las dos cosas las hizo bien por igual.
      Luego de gastar una fortuna en kilómetros de papel higiénico compró el taxi. Es un divertimento, se dijo. Haría como que trabaja, una actividad que hasta ese entonces desconocía. La sensación era agradable, para qué negarlo. No tanto como comprar papel higiénico en forma compulsiva, pero se le parecía. 
      Con el tiempo entendió su tarea. Si. Era manejar, y manejar. Sin detenerse. Cargaría un poco de nafta, y luego repetir el proceso. El auto estaba cargado de alimentos. Viviría semanas arriba del taxi. Hasta hacer desaparecer la raya del culo. Cerca. 
      Hasta el día cinco la cosa fue bien. Comer y mear dentro de un auto no es mayor inconveniente. Lo perjudicó la falta de sueño. Y la policía. Cada tanto el taxi atropellaba a una persona. Las persecuciones no se hicieron esperar. 
      La ciudad se agitaba en las venas de los motores que rugían a sus alrededores. El millonario pisaba el acelerador del taxi para escapar de los embates de la ley. Su corazón estaba a punto de estallar. Prefirió antes que lo haga el auto. Con firmeza tomó el volante y se dirigió a una casa comercial del centro. Atravesó la galería. Los maniquíes volaban como si estuvieran en el recital más violento de toda la historia. El pasillo se convirtió en un espacio improvisado de picadas. 
      El taxi aceleró hasta los 130 kilómetros por hora. 140. 145. Y así hasta los 165. Una escalera mecánica detuvo su paso. Detrás, las patrullas de policía auspiciaban de sombra. Luego siguió una gran humareda. Ruido de frenos. Un gran choque y la explosión final. El mensajero había entregado su paquete. 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Día 481: Sonambulismo

      Algunas preguntas más vale no responderlas. Es mejor que queden en la intriga de aquellas mentes curiosas, ávidas de información. Lo que en un principio fue un rumor, en meses se convirtió en una frondosa movilización hacia el parlamento. El pueblo exigía saber quién se había cogido a la pobre cerda. Un zoofílico, seguro. Un pervertido, gritó otro desde atrás. Córtenle la cabeza, gritaba el herrero. Fuego, fuego, animaban un par de niños de unos cinco años desde el fondo de la horda.
      Por supuesto, nadie descubrió a la persona que metió a su lecho nupcial a la cerda. Un precioso ejemplar de 57 kilos. Ese año había parido una prole de seis cerditos. Ahora la pobre caminaba con miedo. Ese pervertido, lo vamos a agarrar, y le vamos a introducir un fierro caliente por el ano.
      Después de un tiempo, cuando los ánimos del pueblo se calmaron, un nuevo incidente sacudió la calma de los habitantes. Por la noche se escuchaban extraño maullidos. Ahora le tocaba el turno a los gatos. Acá no hubieron mayores manifestaciones. La chancha era sagrada, pero los gatos no tanto. En realidad, dado que algunos gatos en celo habían muerto por hemorragia anal, eso brindaba a los pobladores una gran fuente de alimento.
      Aún el paradero del loco zoofílico se desconocía. Muchos pensaban que era el alcalde. El hombre solía tener intereses peculiares. Trataron de hacerle confesar sus crímenes, pero lo único que lograron fue sacar a la luz sus gustos por las niñas menores de 8 años. Era un gran placer para él llevarlas a la cama y desvirgarlas. Eso dejó tranquilo a los pobladores. Este hombre es inocente.
      Y el pueblo siguió indagando, sin encontrar culpable, a medida que los animales eran violados de manera sistemática. Por casualidad lo descubrieron una noche, con las manos en la masa.
      Resultó ser un hombre joven. Común. De unos trece años. También era inocente. Bueno, al menos en parte, ya que nunca estuvo enterado de sus fechorías. Nadie en el pueblo conocía esa enfermedad, la que lo llevaba a hacer cosas dormido. El sonámbulo tuvo la gracia del pueblo y por eso su muerte fue tranquila.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Día 480: El demonio del movimiento

      Un hombre baila en el medio de la pista. Se entrega frenético a la danza. Su obeso cuerpo se bambolea de acá para allá y, contra todo pronóstico, seduce. Incita orgasmos y suspiros. Despierta el deseo de los hombres y mujeres por igual. Es una máquina de bailar que no se detiene ni siquiera para ir al baño.
      Y lo más importante: contagia. Es inevitable no caer rendido al influjo del movimiento. Ese hombre es un Satán del baile, un Travolta sin credenciales. Más importante aun: bailan y no paran. Es como una persona unida a la corriente eléctrica. No se despegan hasta desfallecer y caer muertos en el piso. La discoteca por las noches sangra la vida.
      Una vez que su labor termina, ese demonio en ropaje de hombre abandona el recinto y adopta una nueva identidad. Ahora es una prostituta sofisticada de unos doce años de edad. Y el baile continúa. Los penes parecen relojes desconpuestos. Escrotos de pedófilos se contorsionan casi hasta estallar. La danza de la genitalidad. Y una vez más el desenlace esperado. Cae la muerte sobre aquellos cuerpos incapaces de parar de moverse.
      Se aprovecha de la gravedad. Lo llaman inercia. El ser humano tiende a recaer en los límites de su cuerpo. Es una torsión permanente y el demonio del movimiento lo sabe. ¿Acaso no recuerdan aquella fábula sobre un flautista que enojado por no recibir su paga por haber exterminado a los ratones de un pueblo, que decide tomar en pago de la deuda a todos los niños del lugar? Si, lo recordaba bien. Él es el flautista.
      Las almas condenadas se entregan al usufructo. Es su cosecha personal. Él también era un ciudadano en el Infierno. Y tiene que pagar sus impuestos. Almas para el señor. Regadíos de descontento. Sufrimientos eternos. Tentaciones diversas. En los tiempos que corren hay que tener mucha imaginación.
      Esa melodía no se detiene, es su carta fuerte y también su condena. Paga el castigo por lo que es y, por más curioso que sea, ha empezado a disfrutarlo. El demonio del movimiento en su salsa baila. Hay fiesta para rato.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Día 479: De la burocracia y otras yerbas

      El plazo se vencería en cinco días. Para ese entonces, la muerte vendría a llevárselo, sin ningún tipo de contemplaciones o prórrogas. Es que tenía asuntos pendientes sin resolver. Primero, debería pagar sus impuestos, como todo buen ciudadano. Luego retiraría todos sus ahorros y los prendería fuego en el medio de la calle. Luego se suicidaría. La muerte tendría un trabajo fácil. 
      Las cosas no resultaron salir de acuerdo a sus planes. Primero, el banco se encontraba de paro. Así que no pago de impuestos y no retiro y quema de ahorros en la calle. Eso tendría que esperar. Lo mismo el suicidio. Al tercer día el problema en el banco se solucionó. 
      Allá se encontraría con una situación inaudita. Una larga, larga, larga, larga, larga fila. La cola tenía miles de kilómetros. La última persona de la fila ya estaba en otro pueblo. El sistema está caído, le dijeron. Otros agregaron que va y viene. Así que atienden de a poco.
      Nadie se fue a su casa. Nadie quería ceder ese lugar que tanto le había costado obtener. Porque a pesar de todo, eran buenos ciudadanos y las cuentas hay que pagarlas. Las noches frías de invierno cayeron, el banco, por supuesto, cerró a las tres de la tarde. La gran muchedumbre de personas, en total un 47,58 % de la ciudad, acampó en las inmediaciones del lugar.
      Y el quinto día llegó. El del plazo. La muerte tenía anotado el nombre de la persona prorrogada en su agenda. Pero no contaba con este imprevisto. Muchas muertes inesperadas por el frío.La muerte paseaba por la fila y se llevó a todos aquellos carne de gusanos. 
      Cuando la guadaña caía sobre la cabeza del prorrogado una alarma sonó. El reloj de arena detuvo su cuenta. La muerte suspiró. No podría llevarse su alma hasta que renovara su licencia de conductor de las almas al otro mundo. Para ello, debería hacer esa larga cola, y abonar, como todos, las tasas necesarias para retomar la actividad.
      Claro que la caja del más allá está, a pesar de compartir el mismo plano físico de la Tierra, en otra dimensión. Pero, curioso detalle, comparte el mismo sistema de su par en el mundo de los vivos. Así que la fila de muertos era igual de larga, larga, larga, larga, larga que la larga, larga, larga, larga, larga fila del mundo de los vivos. 
      A diferencia del mundo de los vivos, en el más allá los tiempos se manejan de modos distintos. Un día podía equivaler a siglos vivos. La cosa, por tanto, iba para rato. La muerte volvió a suspirar. Pensó, lo perdiste, amigo. Es posible que mueras en esta cola, no serías la primer muerte que muere en cumplimiento del deber.

martes, 8 de septiembre de 2015

Día 478: Kafkamorfosis

      Cuando Eusebio Gutierrez se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre una cama convertido en un monstruoso ser humano. Dos piernas. Dos brazos. Cuerpo antropomorfo. Todas las especificaciones de la raza. El hombre. Se preguntó, ¿qué más horrible puedo ser? Si tan solo hubiera quedado como cucaracha. Ahora no me van a recibir en el nido. 
      De hecho trató de volver, pero era demasiado grande para entrar. Eusebio se preocupó. Se le ocurrió treparse por la alacena de la cocina para meterse detrás del horno, pero su cuerpo de un metro ochenta de alto y 78 kilos de pesos no resistió tales movimientos. La gravedad hacía su tarea.
      Y esas extremidades inútiles. Su cuerpo de cucaracha le aseguraba un gran agarre a cualquier superficie. En cambio, con ese cuerpo resbalaba y chapoteaba. La señora de la casa abrió la puerta y se encontró con Eusebio. Pegó un grito de los fuertes. En la desesperación cerró la puerta y salió a la calle. Tenía miedo de que el supuesto delicuente se encontrara armado. Eusebio desconocía los propósitos de un arma.
      La policía llegó a los quince minutos. Un oficial encontró al sospechoso olisqueando el tacho de basura. Estaba tirado en el piso boca abajo, como si fuese un cangrejo. No opuso mucho resistencia al arresto, aunque no mencionó una sola palabra, y cuando trataron de pararlo, el sujeto volvió a caerse. 
      Eusebio no tenía la habilidad suficiente para pararse. Eso era magia china para la pobre cucaracha envuelta en cuerpo de hombre. La policía tuvo que llevar su nuevo cuerpo arrastrándolo hasta la patrulla. Sintió un dolor en sus articulaciones, y en el resto del cuerpo, a medida que se raspaba contra el piso. 
      Al pobre Eusebio lo violaron dentro de la cárcel y ni se enteró. Estaba más preocupado por aprender a caminar y no vio el hombre que se le acercaba por detrás. Sintió un ardor en su parte trasera. El resto fue un shock de sensaciones. Después de eso, no volvió a intentar pararse en todo el día.
      A su vez, Eusebio no tenía conocimiento sobre los requerimientos calóricos de un cuerpo humano. Comía como cucaracha, y absorbía raciones dignas de una cucaracha. Ínfimas, si se las compara con un hombre. No tardó en sentir los retorcijones en su vientre. El dolor era insoportable. Cuatro días después, entre golpes, violadas y privación de alimentos, Eusebio murió en la celda víctima de la inanición. Dicen que fue la primera cucaracha en ser considerada un eslabón débil en la cadena de su especie.

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