martes, 1 de septiembre de 2015

Día 471: La danza de los sordos

      Allá un qué se oye. Un cuánto y un por dónde. Y otro qué. Bolas de malentendidos en la marcha de los sordos. No es lo que parece, no es lo que parece, es todo un malentendido.
      Viren la ruta erramos el camino. Si de sexo, rezo, plexo, y de las voces que sonidos puedan emular. Es una marcha en donde la multiplicidad de opiniones puede primar, donde nadie escucha a nadie. Es lo más parecido a la libertad que podemos tener. La música a todo lo que da. ¿Qué decimos? ¿qué escuchamos? De sordos y sorderas manejamos el mundo.
      Allá un qué se oye. Otro qué le responde. Somos la marcha de los malnacientes, aquellas semillas pobres de oídos y largas de palabras. Digan lo que oyen, por favor. Sean coherentes al pensamiento que los evoca. Sueños purulentos de cuánticas espinas. Rosas. Cosas, Lozas. Ojos que sangran. Que nazcan. Maman. 
      Resollan las frases con el cuento de ultratumba refigurado. A la marcha se suman cuerpos. Masas de personas siguen a otros que siguen, sordos que siguen sordos. Y los de atrás no oyen a los de adelante. 
      Maniqueos hombros. Hombres. Confucio. Confuso. Hay una filosofía para tantas cosas dichas sin sentido, en la zozobra del pensamiento tras una noche larga de cuñas y agujas. Hay una ilusión de movimiento que retuerce las patas. Las estruja hasta que parecen pasos.
      Los sonidos equívocos de una marcha. Los cánticos que resuenan. La cabalgata de una nota larga y difícil de afinar. Hay voces y bocas. Bolas y roces. Coces y somas. De lo confuso el silencio hay muchas palabras. Y no nos oyen. No nos oyen. Porque de un silencio nace lo oscuro de aquellos oídos tapados por la tierra, ahogados por el agua, eviscerados por las rocas de un camino demasiado agitado y poco corto a las patas de los los que el movimiento quiere mover. 
      Somos los corsos. Los sordos. Esos de pocos oídos y muchas palabras. Todas confusas. Es todo un malentendido. La misma frase que la precede. Que la evade. Adelante. Atrás. Más. Menos. Allá otro qué se oye. No oímos lo que queremos. Somos la respuesta al silencio. 

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