domingo, 6 de septiembre de 2015

Día 476: Ya está

      Se aproxima el fin. Cada vez más cerca del cese de argumentos. Las historias pronto se van a acabar. Bajaremos la bandera, y ese será el seacabose. Usted puede derramar una lágrima si lo desea. Somos mercenarios de la caridad. Arañamos la superficie del cariño y nos aferramos como si fuera el último bote salvavidas en el Titanic. Así es la desesperación, sépanlo. 
      No voy a llorar por esta cosa que día a día se muere como un zombie vencido en la heladera. Rio porque causa el espanto de quedar cegado por toda una eternidad, de apagar la luz y dejar de oir esas voces que molestan. Da para reir y no parar. Reir es morir un poco más. Todo es morir un poco más. Hasta que te morís del todo. Dicen que el trayecto es de la vida a la muerte, y para mí es de la menos muerte a la más muerte. Nunca escapamos del cese de actividad. 
      Y es también ver como se cae toda esa montaña de clichés. Es adorar al dios pagano o dejarse llevar por la tormenta. No te preocupes por nosotros, mañana nos vas a ver conduciendo un Aston Martin, mientras te escupimos con el placer del lobo que se lame la herida. La batahola de imágenes se suman a la montaña. La pira funeral. Ese testamento en muerte de aquellos que ya dejaron de ser. 
      Que poder existir, que poder persistir. Y otras tantas necesidades idiotas que tiene el cuerpo idiota en su idiotez por permanecer. No nos extrañen, adios, adios. El tiempo se ha acabado. Cierren el telón. Coman los pochoclos. Saluden a los artistas. El tiempo es corto y finito. Y duro. Como un pene estirado en una máquina de chicles. 
      Caemos una vez más en el ludismo de las palabras. La desesperación de la vida nos tiene condenado los testículos, que cuelgan de un mástil, allá en lo alto. Y cae bajo su propio peso el escupitajo. Es la gravedad, baby. No sabemos a quién le hablamos. ¿Quién estará del otro lado? ¿Hay tono en el teléfono? ¿Qué es un teléfono?
      El momento está sellado por el vacío de aquello a lo que nos abandonamos. Si. Eso es el fin. Es otro punto más después del final de una frase. Y otra. Y otra. Hasta que no queda más por decir. Y aunque pudiéramos. Ya está.

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