martes, 8 de septiembre de 2015

Día 478: Kafkamorfosis

      Cuando Eusebio Gutierrez se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre una cama convertido en un monstruoso ser humano. Dos piernas. Dos brazos. Cuerpo antropomorfo. Todas las especificaciones de la raza. El hombre. Se preguntó, ¿qué más horrible puedo ser? Si tan solo hubiera quedado como cucaracha. Ahora no me van a recibir en el nido. 
      De hecho trató de volver, pero era demasiado grande para entrar. Eusebio se preocupó. Se le ocurrió treparse por la alacena de la cocina para meterse detrás del horno, pero su cuerpo de un metro ochenta de alto y 78 kilos de pesos no resistió tales movimientos. La gravedad hacía su tarea.
      Y esas extremidades inútiles. Su cuerpo de cucaracha le aseguraba un gran agarre a cualquier superficie. En cambio, con ese cuerpo resbalaba y chapoteaba. La señora de la casa abrió la puerta y se encontró con Eusebio. Pegó un grito de los fuertes. En la desesperación cerró la puerta y salió a la calle. Tenía miedo de que el supuesto delicuente se encontrara armado. Eusebio desconocía los propósitos de un arma.
      La policía llegó a los quince minutos. Un oficial encontró al sospechoso olisqueando el tacho de basura. Estaba tirado en el piso boca abajo, como si fuese un cangrejo. No opuso mucho resistencia al arresto, aunque no mencionó una sola palabra, y cuando trataron de pararlo, el sujeto volvió a caerse. 
      Eusebio no tenía la habilidad suficiente para pararse. Eso era magia china para la pobre cucaracha envuelta en cuerpo de hombre. La policía tuvo que llevar su nuevo cuerpo arrastrándolo hasta la patrulla. Sintió un dolor en sus articulaciones, y en el resto del cuerpo, a medida que se raspaba contra el piso. 
      Al pobre Eusebio lo violaron dentro de la cárcel y ni se enteró. Estaba más preocupado por aprender a caminar y no vio el hombre que se le acercaba por detrás. Sintió un ardor en su parte trasera. El resto fue un shock de sensaciones. Después de eso, no volvió a intentar pararse en todo el día.
      A su vez, Eusebio no tenía conocimiento sobre los requerimientos calóricos de un cuerpo humano. Comía como cucaracha, y absorbía raciones dignas de una cucaracha. Ínfimas, si se las compara con un hombre. No tardó en sentir los retorcijones en su vientre. El dolor era insoportable. Cuatro días después, entre golpes, violadas y privación de alimentos, Eusebio murió en la celda víctima de la inanición. Dicen que fue la primera cucaracha en ser considerada un eslabón débil en la cadena de su especie.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...