domingo, 13 de septiembre de 2015

Día 483: El jinete

      El Sumo Pontífice tenía apremios. Dentro de una semana anunciaría la legalización del matrimonio entre homosexuales. Sabía que eso no iba a caer muy bien en los sectores más ortodoxos de la comunidad católica, pero el lobby del Vaticano había hablado. 
      El gobierno papal tenía grandes planes para el futuro. A puertas cerradas lo llamaban "Operación reconquista". La actualidad del cristianismo era promisoria. Salvo ese pequeño detalle. 
      El Papa era el problema. No había posibilidades de hacer lo mismo que con Juan Pablo I (y con los últimos cinco Papas). La seguridad se había redoblado desde ese entonces. Además, el Vaticano había recuperado el derecho de armarse para luchar las nuevas cruzadas contra los infieles del siglo XXII.
      Ese pequeño detalle. Dijeron que era mestizo, pero más bien era un eufemismo que ocultaba la verdad. El Sumo Pontífice era tan negro como una noche sin estrellas. Negro como un trozo de brea. Tan negro como la muerte. 
      Y eso a los fieles no le gustaba ni medio. Se escondían bajo el manto de la tolerancia, pero en realidad eran fervientes racistas. Negro como un pasillo poco iluminado. Después estaban todos esos viejos rumores, profecías que le llamaban, respecto al Apocalipsis luego del advenimiento del Papa negro. El papa negro. Las santas escrituras eran muy claras en ese asunto.
      El gobierno papal se limaba el cerebro ideando planes para derrocar a ese horrible negro. Nada se les ocurría. Hasta que un cardenal taiwanés tuvo una idea. Crearían una nueva religión. Un cisma disidente. Y, entretanto, hundirían al cristianismo con Papa negro y todo. 
      Primero vino lo del matrimonio homosexual. Dentro de unos meses, anunciarían la inexistencia del cielo y el infierno, y también de la vida después de la muerte. 
      Para el año que viene, tenían el plato fuerte reservado. La mentira de Dios y Jesús. Fue todo un invento para mover a las masas. El Papa, contra todo pronóstico, obedeció a los mandatos del gobierno papal sin chistar. Así debe ser la voluntad de Dios, dijo. 
      Algo inesperado sucedió. Dos años después, el cristianismo pasó a convertirse en la religión más sincera del mundo, razón por la cuál, todos los países no cristianos empezaron a adoptar la religión. Incluso muchos ateos terminaron por convertirse al cristianismo. Sostenían que promover la mentira de Dios era el mayor acto de fe de la humanidad. Un acto de amor sincero. Así fue como el Papa negro trajo la paz a la Tierra.

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