lunes, 14 de septiembre de 2015

Día 484: Insomne no se sueña

      Deberás insistir. Aunque no lo parezca, esa porquería puede sobrevivir a catástrofes de las grandes. Deberías saberlo. Es un ataque necesario. Hace unos años tuvimos que bombardear Gaza, no por que quisiéramos. Cuando el deber ser llama a la puerta, uno tiene que obedecer sin más. 
      Maneja la ansiedad con tenedor. Esta noche va a ser la gran invasión. El nuevo día D. Algo que haría palidecer a todas las guerras anteriores. Poder avanzar con todo el pelotón hasta terreno enemigo. Sin miedo a las bombas o a lo que venga.
      Un movimiento arriesgado. Esa estrategia que te puede dar la victoria. Un triunfo definitivo. Caíste en la trampa del nido de ametralladoras. Pero zafaste. Un brazo lastimado. Nada grave. Adentro. Adentro. Hasta el núcleo de la cosa misma.
      Por entre la selva. Más allá de donde resuenan los gritos. Deberás insistir. El camino es largo. Es una guerra milenaria contra el espanto. Y del otro lado el inconmensurable vacío. Esa criatura deforme que todo lo devora. Miles de espacios atrapados en un mismo silencio. 
      Los soldados avanzan. El cielo se oscurece. Lluvias tienen que venir. Limpiar los mares con sangre. Y en el fondo un ojo. Un ojo que observa. Atento. Esos pasos furtivos. Ahora llueve con intensidad. Una señal de alto. Son como cucarachas. Un montón de cucarachas resistiendo quien sabe qué.
      El ojo no para de observar. Aunque los soldados no lo presientan, más allá de la selva existen manos, gigantes, que lo controlan todo. Las manos de un niño. No saben que son juguetes. Es su juego el que acaba de empezar. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...