miércoles, 23 de septiembre de 2015

Día 493: Rodaderped

      Retos. No el hecho de ser cagado a pedos. Ser temerario. Impulsivo. Nadar contra la corriente como una cucaracha con testículos. O algo así. La cosa es rara. No importa. Ánimos, hombre. El universo no está hecho a diseño de los cobardes.
      Con soltura dejó que el ano se dilate y una buena porción de mierda cayó sobre la taza del inodoro. Retos. Sí, hay que ir más allá. No vivir. Comer. Cada pedacito. Animarse. Tomó un pedazo de excremento entre sus manos y se limpió la cara hasta que le quedó una base marrón.
      Es solo masticar el primer pedazo. Amargo. Cierto. Como la ruda o el eucaliptus, pero con un toque de... un no sé qué... rico. Comer mierda puede ser rico, si uno lo desea. No es cosa para cobardes. Retos. Bañado en mierda. Un olor peculiar. En la calle caminó desnudo. Con sigilo.
      No es fácil escapar de esa porquería. ¿Quién lo creó? ¿Un adolescente en pleno delirio masturbatorio? No, fue algo serio, en parte broma. La porquería se parecía a ese dibujo animado de la televisión. Un pequeño pony color rosa. Un pequeño pony color rosa y caníbal.
      Caníbal y por cierto invencible, al menos en apariencia. Resistente a las balas y los chistes. Impermeable. Todo lo que Superman habría deseado ser si fuese un pequeño pony rosa y caníbal. Solo quedaba una persona en la ciudad. Una persona bañada en caca.
      Avanzó hacia la esquina. El pony no sintió su presencia. La caca debe anular sus sentidos, pensó. Sigilo. Retos. ¿Cómo matarlo? Lo habían atacado de casi todos los flancos posibles. Solo quedaba un sitio. Lo sabía. Y esa perspectiva lo excitaba.
      Ir con cuidado es para cobardes. El hombre metió con fuerzas el puño en el ano del pequeño pony rosa caníbal sin contemplaciones. El animal emitió un aullido de dolor. Ahí tiene su punto débil, pensó, mientras seguía retorciendo el puño para hacer dilatar el año.
      Una buena carga de mierda colorada bañó su brazo. Sangre. Su estrategia funcionaba. Pronto liberaría a la Tierra del pequeño monstruo. Lo sentía. Pero no es suficiente. Falta algo. Más grosor. Más grosor. Si no dilato más ese culo horrible la cosa me va a comer el brazo.
      Con la perspectiva de una posible muerte en vista no dudó en usar el elemento contundente más próximo a su cuerpo. Ahí se encontraba, brillante, sobre sus hombros. Una preciosa cabeza con indicios de alopecia. Una preciosa cabeza pintada de marrón. Rico. Retos.

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