jueves, 24 de septiembre de 2015

Día 494: La decimoséptima extinción

      Durante los años 2352 y 2358, antes de caer en desuso, se imprimieron los primeros y únicos manuales de manejo de bombas atómicas caseras. El librito constaba de unas 36 páginas encuadernadas en rústica. Ahí se explicaba procedimientos de seguridad para una explosión óptima en, por ejemplo, el fondo de una casa en el jardín.
      El concepto de casa había cambiado un poco luego de La gran Devastación del siglo XXII. Mucho territorio y pocos habitantes. Y por cierto, cero gobierno. Así que hasta que volvieron a surgir las nuevas formas de auto organización a principios del siglo XXIII, la humanidad quedó sola y desamparada para proteger un planeta que se hacía enorme a cada paso que daba.
      Y las bombas atómicas fueron muy útiles en aquellos tiempos. Porque brindaban protección y limpieza, todo en el mismo paquete. De hecho era el único desinfectante artificial regulado por la mayoría de los sobrevivientes de La gran Devastación.
      De ahí la importancia de los manualcitos, que impedían que las personas se vuelen la cabeza (y el resto del cuerpo) de forma estúpida. La clave del manejo de las bombas atómicas caseras se encontraba en el correcto uso del regulador y el expansor. 
      Por un lado se escribían las coordenadas del área a estallar en el regulador, mientras que el expansor determinaba la fuerza del impacto de acuerdo a los atenuantes ingresados al sistema. Para un estudiante de primaria del siglo XXI usar una bomba de ese tipo era un asunto sencillo. Pero ya no era el 2020. 
      La humanidad restante tuvo que reproducirse sobre la base de una educación deficitaria. Y así salieron sus hijos. Y sus nietos. Y sus bisnietos. 
      Como se puede imaginar, el nivel de lectura de la población mundial distaba de ser bueno. Un manual de una bomba atómica casera representaba un desafío tan grande como leer el Quijote en una sola noche. 
      Del modo en que operan las casualidades una bomba cayó en manos de un hombre con muchos problemas de atención. La suerte previó un manual. Y el desastre una hoja faltante. La 24. Instrucciones básicas respecto al uso del expansor.
      Tarde para percatarse del error. Una gran luz sacudió el cielo. Desde la luna el espectáculo fue muy colorido. Una nube de polvo circuló por la Tierra casi durante diez años. Uno de los últimos seres humanos pensó, antes de morir: si fue como se extinguieron los dinosaurios.

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