lunes, 28 de septiembre de 2015

Día 497: Maelstrom

      Poner el precio a los sueños. Dejarlos germinar hasta donde se bifurcan los costados del camino. Parece una mentira. Un sutil codazo a la ilusión. Que sangra. Y sangra. Y no deja de sangrar. Las sombras en lo oscuro no se distinguen. Sombras y sueños. De fuegos y luces.
      Las doce que siempre da el reloj. En esa especie de eternidad alternativa. Pocos minutos para pensar en una dosis aventurera de vértigo. De la noche pocos valientes quedan. Van abandonando el barco. Por la puerta de dónde les queda mejor. 
      Si nadie lo predice todo puede ocurrir en el mismo instante. Muerte, vida y zombie. Ocurren. Concurren. El mismo cuerpo que aparece y desaparece. Son paradojas en el exilio. Un llamado de muchas salidas y pocas entradas.
      ¿De dónde sale el canto? Un murmullo de sirenas. Un trinar de cocodrilos. Es el barco que se hunde poco a poco en el olvido madre. La mugre flota. Resiste. Impermeable a la tempestad. Nada con los cocodrilos. Croa como un sapo. Erige un reino en la superficie. Ajeno al tiempo. A la espera. 
      ¿De dónde nacen aquellos que van a morir sin saberlo? Memorias de una vida alterada por la circunstancia del nacimiento. A todos aquellos fantasmas que dejen de acosarnos. Dormir en paz. Eso deseamos. Dejar en libertad aquella línea cambiaria que delinea el precio de los sueños. Por muchos caminos viraremos.
      Arrojaremos la semilla hacia un costado. Palpitaremos el costado lacerante. Herido en guerra del muerto en pie. Sulfuro. Veneno. Patrono de los amantes en combate. 
      Vamos hacia donde la muerte conduzca. Misterio. De esos que valen la pena experimentar. Señuelo de un pasar. Atisbo de una espina que nunca se termina de clavar. Volverá substancioso. El santo veneno. De un marinero en alta mar, perdido en sus sombras. Sin puertos. Sin señal.  

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