lunes, 28 de septiembre de 2015

Día 498: Literatura convaleciente

      Un hombre con sinusitis nunca va a escribir bien. Es que tiene arrendado las mejores partes de su cerebro a los mocos. Los rinconcitos del cráneo tienen como unos agujeros. La cabeza es una quena. Es el mandato. No escribir bien. Está condenado a tropezarse con las frases. A ser atrapado por esos adjetivos inútiles. Y todo lo demás.
      Por cierto, el cansancio de no dejarse llevar por aquellos aspectos interesantes de una trama. Porque en realidad le preocupan más los mocos. Eso le quita la energía para concentrarse en el trabajo. Eso o internet. Lo mismo da. Ese factor X externo que irrumpe en la soledad de las teclas. Que no deja ser a la idea. O peor, que la deja ser en demasía.
      Una idea fagocitaria, que se extiende con la prestancia de un virus. Que no da lugar a recortes u otros puntos de vista. Es el regodeo perezoso del ojo que ve y no deja cambiar el binocular. Ese hombre con sinusitis no quiere trabajar. Lo quiere todo fácil. Inmediato. Busca esa genialidad. El taquito. Un lujo. Para la ciencia ficción, un teletransportador.
      Un aparato capaz de llevarlo al futuro, en donde pueda ser capaz de comprar un libro exitoso, y poder venderlo en el pasado como si fuese suyo. Un plagio ad adsurdum. Y no sería mala idea. O aspirar cocaína. Dicen que las drogas funcionan. Abren portales de la mente. Crean como unos ascensores extra entre las neuronas para que hagan más o menos lo que quieran.
      Sí, las drogas. Este hombre debería matar a la sinusitis, esa capitana del reduccionismo literario de abordo. Un talento poco expeditivo. La sinusitis como reina de los mocos. Ella, danzante, figura en todos los pensamientos autorales como una nube verde difícil de disipar. 
      Cuántos momentos deberán pasar frente a sus ojos. El hombre con sinusitis brega por una novela. O aunque sea un cuento. Tal vez un Nobel. O un Pulitzer. Lo que venga con forma de letras. O tal vez solo necesita un poco de descanso. Una buena tanda de antibióticos. Un anticongestivo. Y a la cama. 

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