sábado, 3 de octubre de 2015

Día 503: Acceso denegado

      Privado de aire. A decir verdad, Marte era una mierda. No era lo que vendieron en el folleto. El cuerpo nunca se acostumbra. Nunca. Un nuevo vómito. ¿Cuándo terminaría ese suplicio? Nunca. Y lo sabía.
      Recordó a su madre. Nunca te metas en una aventura sin antes usar la nariz. Olé el peligro, nene. No seas impulsivo. Después tosió sangre y murió. No dijo más nada. El cáncer dijo lo que tenía que decir.
      Turismo aventura. Debería caminar cinco kilómetros hasta llegar a la colonia. No había avanzado ni cien metros todavía. El conserje del hotel no le envió ayuda para llevar sus maletas. Claro, si es que existe un conserje. O un hotel. 
      Sus sospechas se confirmaron. El gran Martian Splendid era una nube de polvo. En un montículo había una nota y una pala. La nota decía: "cavá". Excelente, ejercicio en Marte. Ideal para combatir el frío que le helaba hasta la punta del pito. 
      Y así pasó gran parte del día. La pala subía y bajaba al ritmo de su pecho. Privado de aire. Todavía no se acostumbraba a la atmósfera marciana. Por que claro, Marte era una mierda. 
Estaba muy cansado por tanto cavar así que se tomó una siesta. No cavaría más. Ese pozo podía irse bien al carajo. Y habría cumplido a su promesa de no aparecer la segunda nota: "Seguí cavando. Te estamos mirando ". 
      ¿Y por qué no me mandan ayuda, manga de idiotas? Gritó al vacío marciano. Recibió una bala por respuesta. El proyectil pasó a centímetros de su cabeza. A lo lejos sintió que el francotirador recargaba el fusil.
      Gruñó una mala palabra y volvió a tomar la pala. La situación era exasperante. Si no comía algo sustancioso pronto, moriría de hambre. Sin dudarlo.
      Un nuevo descanso. Una nueva nota: "Cavá. Estás cerca" Cerca de hacer una pileta olímpica en el medio de la nada marciana. De eso estoy cerca, suspiró.
      Le quedaban pocas baterías. Era un robot de los modelos viejos. Recibía aire y comida, como un ser humano, pero tenía que recargar la batería solar una vez a la semana. Pronto colapsaría por el esfuerzo. 
      Un par de paladas más y esa fue toda la historia. El robot cayó al suelo. Descarga total, anunciaba el sistema. Un fuerte viento corrió por Marte. Eso ayudó a descubrir un cartel debajo de la improvisada excavación. Un cartel amarillo, pintado en letras rojas, que decia Martian Splend...

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